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La Ciencia y la Vida

Estoy leyendo “La Ciencia y la Vida”, una obra coordinada por Olga Lucas que reúne las conversaciones entre Valentí Fuster y José Luis Sampedro y me ha sorprendido la enorme vinculación de todas sus reflexiones con el sistema educativo y con la importancia de desarrollar una marca personal, los dos temas que más me preocupan últimamente.

Además, de nuevo me he quedado impresionada por la sabiduría de estas personas.

Olga Lucas les define como sabios “porque los dos persiguen la sabiduría, conscientes de que nunca llegarán a abastarlas”.

En estas conversaciones, nos ofrecen visiones complementarias sobre la salud del individuo inserido en la sociedad actual.

Valentí Fuster afirma que vivimos en un mundo muy acelerado en el cual, como contrapartida, el hombre actúa de una manera muy pasiva. “Es un mundo superacelerado”, afirma Valentí Fuster,  “en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debamos subir al tren, sin saber cuál es el destino, y cómo más de prisa mejor. Y  es precisamente este mundo acelerado el que nos lleva a no tener en cuenta nuestro propio organismo. En esta sociedad de consumo, surgen unos factores para los cuales el organismo no estaba preparado. El hecho de no saber manejar esta situación lleva al infarto de miocardio. Un inesperado infarto que para muchas personas supone la primera vez que su ego se siente vulnerable. La vida tiene vulnerabilidades constantes pero existe una que es muy real: cuando uno pierde el dominio de sí mismo y su ego, su supervivencia emocional se hunde”.

“¿Podríamos corregir esto desde la infacia?” se pregunta Valentí Fuster. “¿Podríamos inculcar a las criaturas desde pequeñas el concepto de utilidad social? ¿Podríamos conseguir que el individuo se planteara si puede ser más útil a la sociedad de una forma constante y natural, mucho antes de ponerse enfermo o de entrar en crisis? ¿ Lo que hoy asume el adulto a través del infarto lo podría asumir el niño a través de un proceso educativo?”

La oportunidad de ejercitar, o no, nuestro talento personal depende en gran manera de la motivación o desmotivación del entorno, continúa Valentí Fuster. “Es decir, tenemos la obligación de crear un ambiente, de ofrecer incentivos, de contribuir a la motivación para entrar en una fase constructiva”.

Y esta obligación de la que habla Valentí Fuster la tenemos todos: padres, educadores y líderes. Trabajando para crear ambientes favorables es la mejor forma de cambiar el mundo.

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Corazón Solidario

ventanas01El cardiólogo Valentí Fuster declaró hace ya unos años que  a todos los que se preocupan por su salud les aconsejaría que se reservaran un rato cada día para ellos mismos, para pensar, simplemente pensar.

“Estamos en un mundo tremendamente acelerado en el que no hay tiempo de saber dónde estás ni hacia dónde vas y uno debe tomar partido sobre cuáles son sus objetivos en la vida y cómo conseguirlos. Para mí, el objetivo siempre pasa por contribuir a la sociedad ya que las personas que sólo trabajan por sí mismas son muy vulnerables. Tarde o temprano se dan cuenta que ya no pueden seguir contribuyendo más a ellas mismas. Ayudar a la comunidad es una forma de ayudarnos a nosotros mismos”. 

Hace unos años, tuve la oportunidad de visitar  a Valentí Fuster en Nueva York, en su despacho del Mount Sinaí Hospital. Tiempo después me emocioné al leer la definición que hacía de él  Antonio Muñoz Molina en “Ventanas de Manhattan”: “En España casi cualquier literato que haya alcanzado un cierto grado de celebridad, o que alimente el rencor comparativo con otros que son un poco más celebres que él, o que tengan algo que él piensa que merece más, se exhibe con arrogancia y no considera digno de su jerarquía prestar atención a nada que no tenga que ver con él mismo, con su obra: y este hombre, el cardiólogo, que seguramente sabe de lo suyo más que nadie en el mundo, y que con su trabajo y su talento es capaz de salvar vidas, carece por completo de cualquier rasgo de altanería y mira atentamente con sus ojos claros y cordiales y escucha con la intensidad de quien no quiere perderse el menor matiz de una información muy valiosa, hasta ahora desconocida para él”. Una definición totalmente acertada y a  la que la mayoría que actualmente ocupan los cargos de mayor poder tanto económico como político de nuestro entorno deberían prestar atención.

 

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