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Más allá de un equipo: Una Tribu con pasión y compromiso común

El 1 de enero del 2010, en mi post “La Conjura del 2009” explicaba que terminaba un año que me había aportado profundas transformaciones en mis retos profesionales y manifestaba que lo que todavía no sabía es hacia dónde me llevaría todo ese proceso.

Ese proceso de renovación personal y profesional del que hablaba me llevó a mi actual posición de Consultora en RocaSalvatella , un singular y único concepto de consultoría estratégica centrada en ayudar a las empresas e instituciones a desarrollar sus negocios y sus equipos humanos mediante estrategias basadas en las lógicas digitales.

RocaSalvatella es mucho más que una simple consultoría. Más allá de la vertiente puramente profesional, el gran atractivo a nivel personal de RocaSalvatella es que en su renovado despacho está naciendo una tribu que va tomando forma día a día, incorporando nuevos miembros y definiendo y redefiniendo las dinámicas y conexiones personales entre sus integrantes. Es evidente que la convivencia nunca es fácil y menos en entornos definidos por la presión de las entregas y las agendas. Por eso es tan importante lograr la configuración de una Tribu, en toda la dimensión del término.

En su libro “El Elemento”, Ken Robinson habla de la importancia de “Encontrar tu Tribu” y afirma que para la mayoría de la gente, conectar con otras personas que compartan la misma pasión y el mismo deseo de sacar el máximo partido de sí mismos es parte fundamental de encontrarse en su Elemento.

Dice Robinson que lo que conecta a una tribu es un compromiso común con aquello para lo que sienten que han nacido. Esto puede ser extraordinariamente liberador, sobre todo si uno se ha dedicado a su pasión en solitario. Hallar la tribu correcta puede ser imprescindible para encontrar nuestro Elemento. Por otra parte, sentir en lo más profundo del alma que uno está con la tribu equivocada es probablemente un buen signo de que hay que buscar en alguna otra parte.

Sigue Robinson que encontrar tu tribu puede tener efectos transformadores en tu sentido de la identidad y tus objetivos. Esto se debe a tres poderosas dinámicas tribales: ratificación, inspiración y la “alquimia de la sinergia”. 

Según el autor, los grandes equipos creativos son heterogéneos y dinámicos: están compuestos por personas con habilidades diferentes pero complementarias entre sí. La diversidad de talentos es importante pero no suficiente. Las diferentes formas de pensamiento pueden ser un obstáculo para la creatividad. Los equipos creativos encuentran la forma de utilizar sus diferencias y energías, no sus puntos débiles. Tienen un proceso mediante el cual sus fuerzas se complementan a la vez que compensan las debilidades de cada uno. Son capaces de desafiarse entre sí como iguales, y tomar las críticas como un incentivo para avivar el juego.

Las actividades que nos gustan nos llenan de energía incluso cuando estamos agotados físicamente. Cuando la gente se coloca en situaciones que la llevan a estar en la zona, conecta con una fuente de energía primaria. Está literalmente más viva debido a ello. Estar en la zona es como si te enchufaran a un alimentador de corriente: mientras estás conectado, recibes más energía de la que gastas. La energía hace funcionar nuestra vida. La energía mental no es una sustancia fija. Sube y baja según la pasión y el compromiso que pongamos en lo que estemos haciendo en ese momento.

Al conectar con nuestra energía nos abrimos más a la energía de otras personas. Cuanto más vivos nos sintamos, más podremos contribuir a la vida de los demás. Cuando estás inspirado, tu trabajo puede inspirar a los demás. 

No podemos saber cómo será el futuro, afirma Ken Robinson. El único modo de prepararse para él es sacar el máximo provecho de nosotros mismos, en la convicción de que al hacerlo seremos todo lo flexibles y productivos que podamos llegar a ser, lo que requiere uno comprensión orgánica de cómo adaptar las aptitudes a un nuevo entorno.

En RocaSalvatella, el entorno se va dibujando día tras día, avanzando hacia un futuro desconocido pero que promete ser muy atractivo si logramos sentirnos parte de esa Tribu que está naciendo…Porqué, como dice Robinson, “Tu tribu sabrá ver en tus fallos la semilla de tus éxitos”

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Los enamoramientos

Esta semana he empezado a leer Los enamoramientos, la nueva novela de Javier Marías con la que nos ha obsequiado RocaSalvatella en este Sant Jordi 2011. Lo que, de momento, más me ha llamado la atención de esta obra es la magistral descripción de momentos puramente cotidianos, insignificantes y a la vez memorables, con los que todos podemos sentirnos plenamente identificados.

María Dolz, la narradora y protagonista, describe minuciosamente su cautivación diaria por una pareja que frecuentaba la misma cafetería que ella cada mañana, a la hora del desayuno. “Lo había visto muchas mañanas y lo había oído hablar y reírse, casi todas a lo largo de unos años, temprano, no demasiado, de hecho yo solía llegar al trabajo con un poco de retraso para tener la oportunidad de coincidir con aquella pareja un ratito, no con él, sino con los dos, eran los dos los que me tranquilizaban y me daban contento, antes de empezar la jornada. Se convirtieron casi en una obligación. No, la palabra no es adecuada para lo que nos proporciona placer y sosiego. Quizá en una superstición, aunque tampoco: no es que yo creyera que me iba a ir mal el día si no compartía con ellos el desayuno, quiero decir a distancia; era sólo que lo iniciaba con el ánimo más bajo o con menos optimismo sin la visión que me ofrecían a diario, y que era la del mundo en orden, o si se prefiere en armonía. Bueno, la de un fragmento diminuto del mundo que contemplábamos muy pocos, como pasa con todo fragmento o vida, hasta la más pública o expuesta”.

Para María, su mundo en orden era el sinónimo de la normalidad que describe Antonio Muñoz Molina en Ventanas de Manhattan: “uno quiere, ante todo, creer que la normalidad no va a romperse, y se aferra a sus hábitos con más fuerza que nunca en medio de una crisis que en cualquier momento podría destruirlos, como si al repetir lo que ha estado haciendo cada día asegurara su propia perduración, segregara una sustancia que lo irá protegiendo. Acomodarse casi de cualquier manera a un principio mínimo de normalidad es seguramente un método instintivo de supervivencia: pero también puede ser una forma pasiva de autodestrucción, un resignarse anticipadamente a la inevitabilidad del fin”.

Igual como María, también a Muñoz Molina le gustaba ver pasar la vida en un café de Manhattan. “El café es un buen sitio para ver pasar la vida, para observar de cerca y a la vez no comprometerse, no sentirse atrapado o encerrado. En casa uno fácilmente puede sentirse encerrado, agobiado por la falta de horizonte, por la excesiva familiaridad de las cosas. En el café se es a la vez sedentario y transeúnte, y si uno tiene la suerte de ocupar una mesa junto al ventanal, la situación es admirable, perfecta: uno es la estampa involuntaria del desconocido que mira la calle tras los cristales del café, y esa figura, ese anonimato, le concede una visión alejada y un poco novelesca de sí mismo. Escribiendo en el café uno no se aparta del mundo exterior para recluirse en la claustrofobia de la literatura. Lo que se escribe en el café queda empapado, transido por las cosas que están ocurriendo alrededor de uno, tiene una respiración más generosa, una cualidad de inmediatez, de azar, de la que carece la escritura hecha en el cuarto de trabajo”.

De golpe, la muerte rompe el orden cotidiano de María Dolz y del resto de protagonistas de la novela provocando un dolor  y una aflicción que, como dice Anthony de Mello en su obra Llamada al Amor revelan la dependencia hacia los demás. De Mello reta a sus lectores a conocer una forma de medir su grado de rigidez y de inercia: “Observa el dolor que experimentas cuando pierdes una persona, una cosa o una idea muy querida. ¿Por qué te aflige tanto la muerte de un ser querido? Porqué nunca te has parado a pensar seriamente que todas las cosas cambian, pasan y mueren.  Para vivir debes afrontar la realidad y liberarte del temor a perder las personas, adquirir el gusto por la novedad, el cambio y la incertidumbre. Si lo que ambicionas es la vida debes buscar el optimismo de la libertad”.

Las cosas comunes que nos rodean durarán más que nosotros dice Borges: No sabrán nunca que nos hemos ido. Cierto, muy cierto.

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