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La creatividad y el dictamen de la comunidad

 

La teoría de las Inteligencias Múltiples siempre me ha fascinado por su reveladora visión y aportación. Ahora, leyendo la reformulación que Gardner ha hecho de su propia teoría, adaptándola al siglo XXI, llego a una conclusión que me parece obvia. Según mi opinión, la Inteligencia Intrapersonal no es una inteligencia más, al mismo nivel que las demás, sino la inteligencia superior sin la cual el desarrollo del resto de inteligencias nunca alcanzarán su máximo potencial.

Gardner define la Inteligencia Intrapersonal como la capacidad de comprenderse a uno mismo, de tener un modelo útil y eficaz de uno mismo que incluya los propios deseos, miedos y capacidades, y de emplear esta información con eficacia en la regulación de la propia vida. Una definición que encaja perfectamente con las características que dibujan el modelo óptimo de marca personal.

Otro punto de libro de Gardner que me ha hecho reflexionar es su concepto de la creatividad. Para Gardner, las personas son creativas cuando pueden resolver problemas, crear productos o plantear cuestiones en un ámbito de una manera que al principio es novedosa pero que luego es aceptada en uno o más contextos culturales.

La prueba de fuego de la creatividad es sencilla: la aparición de una obra supuestamente creativa, ¿produce algún cambio posterior en el ámbito pertinente? La persona creativa hace algo que inicialmente es nuevo, pero su contribución no reside sólo en la novedad: es muy fácil hacer algo meramente distinto. En cambio, lo que hace que una obra o una persona sean creativas es la aceptación final de su novedad. La creatividad real deja huella y representa, de manera inevitable, un juicio comunitario. La única manera de poder determinar con fiabilidad si una persona es creativa es observar el destino final de la obra u obras que haya creado. La creatividad depende, en última instancia, del dictamen de la comunidad.

Esta misma teoría es expuesta también por Víctor Gil, experto en Coolhunting, cuando explica los tres estadios que atraviesa una innovación en función de su nivel de adopción:

Novedad: en nuestro mundo surgen fenómenos novedosos a cada instante.

Tendencia: Hablamos de tendencia cuando una novedad comienza a ser adoptada por una masa crítica de consumidores capaz de generar en el grupo la sensación de que esa novedad debe ser adoptada.

Moda: algo es moda cuando la mayoría del grupo así lo considera; sólo el grupo decide qué es moda y qué no.

Afirma Gardner que hace falta más o menos un decenio para que una persona llegue a dominar un ámbito y hasta un decenio más para que llegue a crear obras cuyo nivel de creatividad sea suficiente para influir en el mismo. Conclusión: la creatividad requiere conocer bien tu entorno para saber qué tendrá posibilidades de ser aceptado por la comunidad y supone trabajo duro. Dos requisitos básicos que a menudo se olvidan por parte de supuestas mentes creativas que viven de espaldas al mundo y que piensan que unos segundos de inspiración son suficientes.

 

 

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¿Qué nos motiva?

Últimamente, parece que todo confluye. Todos los libros que caen en mis manos guardan relación con los grandes temas que ocupan mi atención actualmente: las personas, la educación, la marca personal y la comunicación social. Sí, parece ser que todo está conectado.

Hace poco, gracias a la colección de libros que tenemos en las estanterías de RocaSalvatella, descubri a Daniel H. Pink y su obra “La Sorprendente Verdad Sobre Qué nos Motiva” (Drive. The Surprising Truth About What Motivate Us).

La principal tesis de Pink es que, cuando hablamos de motivación, existe un desajuste entre lo que la ciencia actual dice y lo que la empresa hace. Nuestro actual sistema operativo en el mundo de los negocios – construido con base en los motivadores externos, tipo el palo y la zanahoria- no funciona y a menudo resulta perjudicial. Necesitamos ir más allá y la ciencia nos marca el camino.

Este nuevo enfoque tiene tres elementos esenciales: 1) la autonomía o el deseo de dirigir nuestras propias vidas; 2) el dominio o la urgencia de mejorar más y más en algo importante, y 3) la finalidad, o el anhelo de hacer lo que hacemos al servicio de algo más allá de nosotros mismos.

Nuestro default setting, dice Pink, es ser autónomos y autogestionarnos. Por desgracia, las circunstancias, incluidas algunas nociones anticuadas sobre gestión, conspiran a menudo para cambiar el estado por defecto. La gente necesita ser autónoma sobre su trabajo (lo que hacen), el tiempo (cuándo lo hacen), su equipo (con quién lo hacen) y su técnica (cómo lo hacen). Las empresas que ofrecen autonomía, a veces en enormes dosis, están superando a sus competidores.

La nueva motivación ya no requiere obediencia sino que exige compromiso. Sólo a través del compromiso podremos alcanzar el dominio, mejorando en aquello que realmente importa. Y la búsqueda del dominio se ha vuelto esencial para encontrar nuestro camino dentro de la economía actual. El dominio empieza por la fluidez: experiencias óptimas que se dan cuando existe sintonía entre los retos que afrontamos y el nivel de nuestras capacidades.

Todos los niños empiezan siendo curiosos y autogestionados, afirma Pink, pero muchos de ellos acaban siendo obedientes y faltos de interés. ¿Qué les ocurre? Tal vez el problema seamos nosotros, los adultos que dirigimos los colegios y encabezamos las familias. Si queremos equipar a los jóvenes para el nuevo mundo del trabajo y, lo que es más importante, si deseamos que lleven vidas satisfactorias, debemos potenciar los elementos de la motivación intrínseca en la educación y la vida familiar. Como en la empresa, también hay un desajuste entre lo que la ciencia sabe y lo que los colegios hacen.

A medida que la economía mundial exige menos destrezas rutinarias y más creativas y conceptuales, hay demasiadas escuelas que avanzan en la dirección equivocada: redoblan su énfasis en la rutina, en las respuestas acertadas y en la estandarización. La clave está en ayudarlos a avanzar hacia la autonomía, el dominio y la finalidad.

¿Pero cómo lograremos avanzar en este sentido si los colegios no cambian radicalmente su filosofía, su metodología y sus procedimientos? Personalmente, no detecto ningún interés real en luchar por este cambio desde dentro de los colegios aunque me encantaría conocer iniciativas interesantes que desmientan mi percepción. Prometo intentar descubrirlas.

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La educación del talento

“La conquista más difícil es la conquista de uno mismo” afirmó recientemente el flamante President de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas. Y conquistarse uno mismo es el destino final de un largo camino dirigido a saber de verdad quién eres y cómo eres; un camino que sirve para descubrir tus talentos y diseñar tu marca personal o proyecto de vida.

Dice Sir Ken Robinson que para descubrir tu talento debes hacer dos viajes, uno hacia el interior de ti mismo y otro hacia el exterior para proyectar tu talento. Y no son trayectos siempre consecutivos: pueden ser simultáneos. Si quieres conocerte pasa tiempo a solas contigo mismo, afirma este formador de innovadores. Llegará un momento en que disfrutarás de tu propia compañía. Entonces encontrarás y podrás sacar partido a tu propia tribu creativa, las personas con quienes puedes ser tú mismo: generaciones literarias, equipos de investigadores, bandas rockeras o colegas con quienes inventas cosas; son quienes se aceptan y reconocen mutualmente el talento y lo hacen crecer juntos. Tu mentor y tu tribu son quienes saben ver en tus fallos la semilla de tus éxitos.

Como es obvio, la influencia del mentor y también la configuración de la tribu empieza en la educación. “Un principio del arte de la educación es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino, afirmó Kant, en una sentencia que abre el libro de José Antonio Marina “La Educación del Talento”.

Para Marina el talento es esa inteligencia superior que es la encargada de dirigir adecuadamente todas las capacidades personales para dirigir nuestra acción hacia una vida lograda. La inteligencia triunfante es la que acierta al elegir las metas y consigue alcanzarlas.

Y  una de las capacidades más sorprendentes de la inteligencia, afirma,  es la de encontrar posibilidades en la realidad, si la enseñamos a buscarlas. Somos lo que somos más las posibilidades que encontremos dentro de nosotros. La inteligencia humana es creadora porque descubre continuamente posibilidades en la realidad. La educación debe basarse en esta idea creadora de la inteligencia y elaborar una pedagogía de la posibilidad.

Ofrecer a nuestros hijos una idea del mundo veraz, rica, amplia y llena de posibilidades es uno de los recursos fundamentales que constituyen el talento y que debe fomentarse a través de todo el proceso educativo. Como madre, tomo nota. Espero que los educadores también lo hagan. Si como dice Marina, es cierto que “la humanidad se reinventa en cada niño” el esfuerzo vale la pena.

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La libertad que necesitamos

“A diferencia de las relaciones,  el parentesco, la pareja e ideas semejantes que resaltan  el compromiso mutuo, la red representa una matriz que conecta y desconecta a la vez: las redes sólo son imaginables si ambas actividades no están habilitadas al mismo tiempo. En una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítima, gozan del mismo estatus y de igual importancia. Red sugiere momentos de estar en contacto intercalados con períodos de libre merodeo. A diferencia de las verdaderas relaciones, las relaciones virtuales son de fácil acceso y salida. La facilidad que ofrecen el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan, de manera diferente”. Esta magnífica reflexión de Zygmunt Bauman en su obra “Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” me lleva a preguntarme si en nuestra vida en red, igual que en el resto de nuestra trayectoria personal,  gozamos o no de real libertad para tomar nuestras decisiones.

Dice Francesc Torralba en su último libro “La Llibertat que necessites” (La Libertad que necesitas) que llegar a ser libre es un aprendizaje largo y doloroso, un ejercicio esforzado que exige audacia. Sólo quien es capaz de identificar sus servitudes y de comprender el asedio que sufre está en camino hacia la libertad. La libertad no es un estado. Es una lucha.

La educación es el camino hacia la libertad, sigue Torralba. Educar no es dirigir, ni encaminar el discípulo hacia el molino del maestro. No es transmitir informaciones diversas del mundo. Es construir personas libres, crear seres con capacidad de tomar decisiones autónomas y responsables, con voluntad de hacer de sus vidas obras de arte.

La libertad presupone un ejercicio de autodeterminación, un ritual que tiene como objetivo alcanzar la autonomía y el espíritu crítico. La educación se frustra cuando pretende convertir al alumno en una copia del maestro, mientras que triunfa cuando el maestro le da las llaves para tomar decisiones libres.

Ser libre es vivir conforme al proyecto vital de uno mismo, ser coherente con la propia identidad y salir de todas las jaulas que fabrica la mente y atrevirse a vivir a la intemperie. Renunciar al propio proyecto es dejar de vivir, es morir en vida. Mientras se lucha, se sufre; pero cuando se deja de luchar,  la única existencia que queda es una permanente fuga.

Sin embargo, dice el mismo Torralba,  que cuando tras muchos esfuerzos nos hemos creado una imagen, nos damos cuenta que ya no representa lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, porque desde el principio hemos evolucionado, hemos experimentado cambios. Entonces empieza una nueva lucha: es necesario desmontar aquella imagen para crear una nueva. Una nueva tesis de que una marca personal no es para siempre.

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¿Una marca personal es para siempre?

Me gustaría empezar esta nueva etapa de Vida en Red lanzando una pregunta a los principales expertos en Personal Branding de nuestro país (marca propia, soymimarca, Tomás Marcos) : ¿la marca personal debe diseñarse con vocación de permanencia o, por el contrario, tenemos que ser conscientes de que durante una vida tendremos múltiples marcas personales?

Dice Zygmunt Bauman que practicar el arte de la vida, hacer de la propia vida una “obra de arte” equivale en nuestro mundo moderno líquido a permanecer en un estado de transformación permanente, a redefinirse perpetuamente transformándose en alguien distinto del que se ha sido hasta ahora. Una vez diseñado, el futuro ya no es para siempre sino que necesita ser montado y desmontado continuamente.

Este planteamiento difiere enormemente de las instrucciones de Jean-Paul Sartre sobre la elección de “Le projet de la vie”. La elección de un proyecto de vida significaba la elección de las elecciones, la metaelección que determinaría de una vez por todas, de principio a fin, todo el resto de elecciones. Leyendo a Sartre, Bauman aprendió que cada proyecto llevaba consigo un mapa de ruta y una descripción detallada del itinerario. En cuanto se había elegido el destino, el resto consistía tan sólo en recorrer el camino más corto y menos peligroso con la ayuda del mapa, una brújula y las señales de la carretera. En el mundo de Sartre los mapas envejecían lentamente. El projet de la vie era un equivalente secular del camino de la salvación.

Actualmente, dice Bauman, parece que mantenerse fiel a un guión es un asunto de riesgo y puede llevar al suicidio. Los guiones de antaño pueden caducar y quedar inutilizables antes incluso de que empiecen los primeros ensayos de la obra y, si consiguen sobrevivir hasta la noche del estreno, la temporada de la obra puede resultar de una brevedad abominable. Comprometer el escenario de la vida a un guión preconcebido como éste equivaldrá a perder la oportunidad de muchas producciones que estén más al día, más en línea con la moda actual y, por tanto, más prometedoras.

Las personas persistentes, decididas y fuertes, sigue Bauman, pueden todavía aplicarse en corazón y pensamiento a seguir la sugerencia de Sartre; pero, conscientes de que han elegido una tarea de enormes proporciones sin garantía, o ni siquiera una esperanza razonablemente realista, de llegar hasta el final, tienen que ser conscientes de que la tarea es en verdad ímproba. Deben sopesar la fuerza de su dedicación contra la severidad de las pruebas que van a tener que afrontar y contra el alcance de los sacrificios que les exigirá pasar estas pruebas. Estas personas tienen que ser conscientes de que, durante todo el peregrinaje, las condiciones del viaje seguirán siendo las mismas que las que aparecen hoy: marcadas por una fragilidad incurable de las posiciones sociales y las fuentes de vida, una precariedad de los lazos entre humanos, una mutabilidad camaleónica de los valores codiciados y de los aspectos recomendados por la opinión pública como dignos de atención y de esfuerzo; como si todo lo de nuestro alrededor actuase en connivencia para dificultar y desalentar la vida de peregrinos dedicados y castigarlos por su obstinación y lealtad a la decisión tomada.

Transformarse en alguien distinto equivale a dejar de ser el que se ha sido hasta entonces; a destruir y sacarse de encima la vieja forma, como una serpiente muda la piel; a rechazar, una a una, las máscaras gastadas que el flujo constante de oportunidades nuevas y mejoradas en oferta ha demostrado que están agotadas, que son demasiado estrechas o que no han sido tan plenamente satisfactorias como lo eran en el pasado. Cuando emprendemos una autodefinición y una autoconfirmación, practicamos una destrucción creativa. Día tras día.

Palabras sabias las de Bauman…palabras que tienen el poder de abrir el debate y la reflexión.

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La Ciencia y la Vida

Estoy leyendo “La Ciencia y la Vida”, una obra coordinada por Olga Lucas que reúne las conversaciones entre Valentí Fuster y José Luis Sampedro y me ha sorprendido la enorme vinculación de todas sus reflexiones con el sistema educativo y con la importancia de desarrollar una marca personal, los dos temas que más me preocupan últimamente.

Además, de nuevo me he quedado impresionada por la sabiduría de estas personas.

Olga Lucas les define como sabios “porque los dos persiguen la sabiduría, conscientes de que nunca llegarán a abastarlas”.

En estas conversaciones, nos ofrecen visiones complementarias sobre la salud del individuo inserido en la sociedad actual.

Valentí Fuster afirma que vivimos en un mundo muy acelerado en el cual, como contrapartida, el hombre actúa de una manera muy pasiva. “Es un mundo superacelerado”, afirma Valentí Fuster,  “en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debamos subir al tren, sin saber cuál es el destino, y cómo más de prisa mejor. Y  es precisamente este mundo acelerado el que nos lleva a no tener en cuenta nuestro propio organismo. En esta sociedad de consumo, surgen unos factores para los cuales el organismo no estaba preparado. El hecho de no saber manejar esta situación lleva al infarto de miocardio. Un inesperado infarto que para muchas personas supone la primera vez que su ego se siente vulnerable. La vida tiene vulnerabilidades constantes pero existe una que es muy real: cuando uno pierde el dominio de sí mismo y su ego, su supervivencia emocional se hunde”.

“¿Podríamos corregir esto desde la infacia?” se pregunta Valentí Fuster. “¿Podríamos inculcar a las criaturas desde pequeñas el concepto de utilidad social? ¿Podríamos conseguir que el individuo se planteara si puede ser más útil a la sociedad de una forma constante y natural, mucho antes de ponerse enfermo o de entrar en crisis? ¿ Lo que hoy asume el adulto a través del infarto lo podría asumir el niño a través de un proceso educativo?”

La oportunidad de ejercitar, o no, nuestro talento personal depende en gran manera de la motivación o desmotivación del entorno, continúa Valentí Fuster. “Es decir, tenemos la obligación de crear un ambiente, de ofrecer incentivos, de contribuir a la motivación para entrar en una fase constructiva”.

Y esta obligación de la que habla Valentí Fuster la tenemos todos: padres, educadores y líderes. Trabajando para crear ambientes favorables es la mejor forma de cambiar el mundo.

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¿Hay verdaderos maestros en nuestras escuelas?

“Un maestro afecta a la eternidad; nunca sabe dónde termina su influencia”.

Henry Adams.

Revisando un libro leído hace ya mucho tiempo, “Martes con mi viejo profesor”, de Mitch Albom, me he vuelto a emocionar con muchas de sus palabras y me he dado cuenta de que las enseñanzas del viejo Morrie se pueden aplicar en gran parte al ámbito educativo.

Se trata de una obra que nació de los encuentros de cada martes entre el autor, periodista de profesión, y su antiguo profesor de la universidad, Morrie Schwartz, enfermo terminal de ELA, una enfermedad degenerativa. Morrie impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa focalizada en el Sentido de la Vida, una asignatura impartida a partir de la experiencia propia y que cubría muchos temas: el amor, el trabajo, la comunidad, la familia, la vejez, el perdón y, por último, la muerte.

“¿Has tenido realmente alguna vez un maestro?” pregunta Mith al final del libro. “¿Un maestro que te viera como algo en bruto pero precioso, como una joya que, con sabiduría, podía pulirse para darle un brillo imponente? Si tienes la suerte suficiente para encontrar el camino que conduce a maestros así, siempre encontrarás el camino para volver a ellos”.

Desgraciadamente, la presencia de este tipo de maestros en nuestras escuelas es muy minoritaria, lo que indudablemente influye en el nivel de felicidad que tendrán los futuros adultos de nuestra sociedad.

Según Morrie, puede ser peor vivir toda un vida infeliz que enfrentarse a la muerte.  “Morirse no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa. La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crearse la suya. La mayoría de personas no son capaces de hacerlo. Son más infelices que yo, aun en la situaci´pon en que me encuentro ahora. Aunque me esté muriendo, estoy rodeado de almas llenas de amor y de cariño. ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo?”

En uno de sus encuentros, Morrie le pregunta a Mitch: “¿te he hablado de la tensión de los opuestos? La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia adelante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto. Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.

“Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿es esto todo lo que quiero? ¿me falta algo? Necesitas que alguien te empuje en ese sentido. No va a ocurrir de manera automática”.

Sí, todos necesitamos maestros en nuestras vidas y deberíamos movilizarnos para que verdaderos maestros se incorporen a las escuelas. Y, en este sentido, las oposiciones basadas en criterios memorísticos son la peor forma de seleccionar a un personal válido para las verdaderas asignaturas de esta vida: el desarrollo de la inteligencia emocional y de la marca personal de nuestros hijos.

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