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Más allá del amor, en Los Enamoramientos

Sigo con la lectura de Los Enamoramientos y no deja de sorprenderme la cantidad de temas íntimos y profundos que Javier Marías logra abordar de manera brillante alrededor de una trama narrativa. En este post me gustaría destacar brevemente algunos de ellos a través de una selección de textos de la propia novela:

  • El poder de la literatura: “Lo que pasa en una novela es lo de menos. Es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminada. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”.
  • Todo Cambia, Nada Permanece: “A la gran mayoría nos domina el ansia de duración, que nos hace creer que siempre hay tiempo y que nos lleva a pedir un poco más, un poco más, cuando se acaba. Es un error propio de niños, en el que sin embargo incurren muchos adultos hasta el día de su muerte, de creer que el presente es para siempre, que lo que hay a cada instante es definitivo, cuando todos deberíamos saber que nada lo es”.
  • Somos lo que está disponible: “Todo el mundo es en realidad un sustitutivo: Sí, todos somos remedos de gente que casi nunca hemos conocido, gente que no se acercó o pasó de largo en la vida de quienes ahora queremos, o que sí se detuvo pero se cansó al cabo del tiempo y desapareció sin dejar rastro o sólo la polvareda de los pies que van huyendo, o que se les murió a esos que amamos causándoles mortal herida que casi siempre acaba cerrándose. No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos”.
  • El deseo como hábito: “Cuando uno desea algo largo tiempo, resulta muy difícil dejar de desearlo, admitir o darse cuenta de que ya no lo desea o de que prefiere otra cosa. La espera nutre y potencia ese deseo, la espera es acumulativa para con lo esperado, lo solidifica y lo vuelve pétreo, y entonces nos resistimos a reconocer que hemos malgastado años aguardando una señal que cuando por fin se produce ya no nos tienta, o nos da infinita pereza acudir a su llamada tardía de la que ahora desconfiamos, quizá porque no nos conviene movernos. Uno se acostumbra a vivir pendiente de la oportunidad que no llega, en el fondo tranquilo, a salvo y pasivo, en el fondo incrédulo de que nunca vaya a presentarse. Pero ay, al mismo tiempo, nadie renuncia a la oportunidad del todo, y ese picor nos desvela,  o nos impide sumergirnos en el profundo sueño. Las cosas más improbables han sucedido, y eso todos lo intuimos (…). La corrección de los sentimientos es lenta, desesperadamente gradual. Uno se instala en ellos y  se hace muy difícil salirse, se adquiere el hábito de pensar en alguien con un pensamiento determinado y fijo y no se sabe renunciar a eso de la noche a la mañana, o durante meses y años, tan larga puede ser su adherencia”.
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Al fin, David Monteagudo

 

“Detesto los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y, en general, esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto”.

“Los críticos son una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría? Lo mismo pasa con la pintura. Lo singular es que la gente no advierte que es lo mismo y aunque se ría de las pretensiones del crítico de la cirugía, escucha con un increíble respeto a esos charlatanes. Se podría escuchar con cierto respeto los juicios de un crítico que alguna vez haya pintado, aunque más no fuera que telas mediocres. Pero aun en ese caso sería absurdo, pues ¿cómo puede encontrarse razonable que un pintor mediocre dé consejos a uno bueno?”

Ernesto Sábato. El túnel.

Todavía no he leído la primera obra publicada de David Monteagudo, “Fin”, pero a juzgar por la opinión de la crítica, es una obra importante. Monteagudo no pertenece a ese conjunto de bichos a los que se refiere Sábato. Vive en Vilafranca del Penedès y trabaja como operario en una fábrica. Este último aspecto ha sido el más explotado mediáticamente en la promoción de la novela por su carácter anecdótico y excepcional. Sin embargo, a mi, personalmente, no me gustado el enfoque que se le está dando a la comunicación de la publicación. El hecho de centrar todas las entrevistas y reportajes en la rutina laboral de Monteagudo me parece de mal gusto. Parece ser que el fenómeno Monteagudo no es algo pasajero sino algo que ha llegado para quedarse. Por lo tanto, sería de suma importancia empezar a hablar más de su obra que de su persona. Y, según he oído, tiene 10 novelas escritas. Así que seguiremos hablando de él. Para empezar, leeré su primera novela publicada y compartiré con vosotros mis reflexiones.

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Stieg Larsson o la literatura de evasión

Este fenómeno de obras literarias que se ponen de moda a través del word of mouth siempre me ha parecido digno de análisis.De hecho, el fenómeno Millenium podría considerarse uno de los grandes éxitos del marketing viral o buzz marketing.

¿Por qué nos dejamos influir de este modo hasta el punto de que renunciamos a lecturas indudablemente más interesantes para nuestros intereses personales y profesionales?

Tengo que admitir que he leído el primer libro de la trilogía. ¿Mis motivos?:

– Para poder hablar de algo, bien o mal, tienes que conocerlo.

– Para practicar y seguir mejorando mi inglés suelo escoger lecturas de este tipo, es decir, novelas con un hilo narrativo interesante pero fácil de seguir.

– Me apasiona reflexionar sobre la construcción de historias.

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