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¿Qué nos motiva?

Últimamente, parece que todo confluye. Todos los libros que caen en mis manos guardan relación con los grandes temas que ocupan mi atención actualmente: las personas, la educación, la marca personal y la comunicación social. Sí, parece ser que todo está conectado.

Hace poco, gracias a la colección de libros que tenemos en las estanterías de RocaSalvatella, descubri a Daniel H. Pink y su obra “La Sorprendente Verdad Sobre Qué nos Motiva” (Drive. The Surprising Truth About What Motivate Us).

La principal tesis de Pink es que, cuando hablamos de motivación, existe un desajuste entre lo que la ciencia actual dice y lo que la empresa hace. Nuestro actual sistema operativo en el mundo de los negocios – construido con base en los motivadores externos, tipo el palo y la zanahoria- no funciona y a menudo resulta perjudicial. Necesitamos ir más allá y la ciencia nos marca el camino.

Este nuevo enfoque tiene tres elementos esenciales: 1) la autonomía o el deseo de dirigir nuestras propias vidas; 2) el dominio o la urgencia de mejorar más y más en algo importante, y 3) la finalidad, o el anhelo de hacer lo que hacemos al servicio de algo más allá de nosotros mismos.

Nuestro default setting, dice Pink, es ser autónomos y autogestionarnos. Por desgracia, las circunstancias, incluidas algunas nociones anticuadas sobre gestión, conspiran a menudo para cambiar el estado por defecto. La gente necesita ser autónoma sobre su trabajo (lo que hacen), el tiempo (cuándo lo hacen), su equipo (con quién lo hacen) y su técnica (cómo lo hacen). Las empresas que ofrecen autonomía, a veces en enormes dosis, están superando a sus competidores.

La nueva motivación ya no requiere obediencia sino que exige compromiso. Sólo a través del compromiso podremos alcanzar el dominio, mejorando en aquello que realmente importa. Y la búsqueda del dominio se ha vuelto esencial para encontrar nuestro camino dentro de la economía actual. El dominio empieza por la fluidez: experiencias óptimas que se dan cuando existe sintonía entre los retos que afrontamos y el nivel de nuestras capacidades.

Todos los niños empiezan siendo curiosos y autogestionados, afirma Pink, pero muchos de ellos acaban siendo obedientes y faltos de interés. ¿Qué les ocurre? Tal vez el problema seamos nosotros, los adultos que dirigimos los colegios y encabezamos las familias. Si queremos equipar a los jóvenes para el nuevo mundo del trabajo y, lo que es más importante, si deseamos que lleven vidas satisfactorias, debemos potenciar los elementos de la motivación intrínseca en la educación y la vida familiar. Como en la empresa, también hay un desajuste entre lo que la ciencia sabe y lo que los colegios hacen.

A medida que la economía mundial exige menos destrezas rutinarias y más creativas y conceptuales, hay demasiadas escuelas que avanzan en la dirección equivocada: redoblan su énfasis en la rutina, en las respuestas acertadas y en la estandarización. La clave está en ayudarlos a avanzar hacia la autonomía, el dominio y la finalidad.

¿Pero cómo lograremos avanzar en este sentido si los colegios no cambian radicalmente su filosofía, su metodología y sus procedimientos? Personalmente, no detecto ningún interés real en luchar por este cambio desde dentro de los colegios aunque me encantaría conocer iniciativas interesantes que desmientan mi percepción. Prometo intentar descubrirlas.

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La educación del talento

“La conquista más difícil es la conquista de uno mismo” afirmó recientemente el flamante President de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas. Y conquistarse uno mismo es el destino final de un largo camino dirigido a saber de verdad quién eres y cómo eres; un camino que sirve para descubrir tus talentos y diseñar tu marca personal o proyecto de vida.

Dice Sir Ken Robinson que para descubrir tu talento debes hacer dos viajes, uno hacia el interior de ti mismo y otro hacia el exterior para proyectar tu talento. Y no son trayectos siempre consecutivos: pueden ser simultáneos. Si quieres conocerte pasa tiempo a solas contigo mismo, afirma este formador de innovadores. Llegará un momento en que disfrutarás de tu propia compañía. Entonces encontrarás y podrás sacar partido a tu propia tribu creativa, las personas con quienes puedes ser tú mismo: generaciones literarias, equipos de investigadores, bandas rockeras o colegas con quienes inventas cosas; son quienes se aceptan y reconocen mutualmente el talento y lo hacen crecer juntos. Tu mentor y tu tribu son quienes saben ver en tus fallos la semilla de tus éxitos.

Como es obvio, la influencia del mentor y también la configuración de la tribu empieza en la educación. “Un principio del arte de la educación es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino, afirmó Kant, en una sentencia que abre el libro de José Antonio Marina “La Educación del Talento”.

Para Marina el talento es esa inteligencia superior que es la encargada de dirigir adecuadamente todas las capacidades personales para dirigir nuestra acción hacia una vida lograda. La inteligencia triunfante es la que acierta al elegir las metas y consigue alcanzarlas.

Y  una de las capacidades más sorprendentes de la inteligencia, afirma,  es la de encontrar posibilidades en la realidad, si la enseñamos a buscarlas. Somos lo que somos más las posibilidades que encontremos dentro de nosotros. La inteligencia humana es creadora porque descubre continuamente posibilidades en la realidad. La educación debe basarse en esta idea creadora de la inteligencia y elaborar una pedagogía de la posibilidad.

Ofrecer a nuestros hijos una idea del mundo veraz, rica, amplia y llena de posibilidades es uno de los recursos fundamentales que constituyen el talento y que debe fomentarse a través de todo el proceso educativo. Como madre, tomo nota. Espero que los educadores también lo hagan. Si como dice Marina, es cierto que “la humanidad se reinventa en cada niño” el esfuerzo vale la pena.

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La libertad que necesitamos

“A diferencia de las relaciones,  el parentesco, la pareja e ideas semejantes que resaltan  el compromiso mutuo, la red representa una matriz que conecta y desconecta a la vez: las redes sólo son imaginables si ambas actividades no están habilitadas al mismo tiempo. En una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítima, gozan del mismo estatus y de igual importancia. Red sugiere momentos de estar en contacto intercalados con períodos de libre merodeo. A diferencia de las verdaderas relaciones, las relaciones virtuales son de fácil acceso y salida. La facilidad que ofrecen el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan, de manera diferente”. Esta magnífica reflexión de Zygmunt Bauman en su obra “Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” me lleva a preguntarme si en nuestra vida en red, igual que en el resto de nuestra trayectoria personal,  gozamos o no de real libertad para tomar nuestras decisiones.

Dice Francesc Torralba en su último libro “La Llibertat que necessites” (La Libertad que necesitas) que llegar a ser libre es un aprendizaje largo y doloroso, un ejercicio esforzado que exige audacia. Sólo quien es capaz de identificar sus servitudes y de comprender el asedio que sufre está en camino hacia la libertad. La libertad no es un estado. Es una lucha.

La educación es el camino hacia la libertad, sigue Torralba. Educar no es dirigir, ni encaminar el discípulo hacia el molino del maestro. No es transmitir informaciones diversas del mundo. Es construir personas libres, crear seres con capacidad de tomar decisiones autónomas y responsables, con voluntad de hacer de sus vidas obras de arte.

La libertad presupone un ejercicio de autodeterminación, un ritual que tiene como objetivo alcanzar la autonomía y el espíritu crítico. La educación se frustra cuando pretende convertir al alumno en una copia del maestro, mientras que triunfa cuando el maestro le da las llaves para tomar decisiones libres.

Ser libre es vivir conforme al proyecto vital de uno mismo, ser coherente con la propia identidad y salir de todas las jaulas que fabrica la mente y atrevirse a vivir a la intemperie. Renunciar al propio proyecto es dejar de vivir, es morir en vida. Mientras se lucha, se sufre; pero cuando se deja de luchar,  la única existencia que queda es una permanente fuga.

Sin embargo, dice el mismo Torralba,  que cuando tras muchos esfuerzos nos hemos creado una imagen, nos damos cuenta que ya no representa lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, porque desde el principio hemos evolucionado, hemos experimentado cambios. Entonces empieza una nueva lucha: es necesario desmontar aquella imagen para crear una nueva. Una nueva tesis de que una marca personal no es para siempre.

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La Ciencia y la Vida

Estoy leyendo “La Ciencia y la Vida”, una obra coordinada por Olga Lucas que reúne las conversaciones entre Valentí Fuster y José Luis Sampedro y me ha sorprendido la enorme vinculación de todas sus reflexiones con el sistema educativo y con la importancia de desarrollar una marca personal, los dos temas que más me preocupan últimamente.

Además, de nuevo me he quedado impresionada por la sabiduría de estas personas.

Olga Lucas les define como sabios “porque los dos persiguen la sabiduría, conscientes de que nunca llegarán a abastarlas”.

En estas conversaciones, nos ofrecen visiones complementarias sobre la salud del individuo inserido en la sociedad actual.

Valentí Fuster afirma que vivimos en un mundo muy acelerado en el cual, como contrapartida, el hombre actúa de una manera muy pasiva. “Es un mundo superacelerado”, afirma Valentí Fuster,  “en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debamos subir al tren, sin saber cuál es el destino, y cómo más de prisa mejor. Y  es precisamente este mundo acelerado el que nos lleva a no tener en cuenta nuestro propio organismo. En esta sociedad de consumo, surgen unos factores para los cuales el organismo no estaba preparado. El hecho de no saber manejar esta situación lleva al infarto de miocardio. Un inesperado infarto que para muchas personas supone la primera vez que su ego se siente vulnerable. La vida tiene vulnerabilidades constantes pero existe una que es muy real: cuando uno pierde el dominio de sí mismo y su ego, su supervivencia emocional se hunde”.

“¿Podríamos corregir esto desde la infacia?” se pregunta Valentí Fuster. “¿Podríamos inculcar a las criaturas desde pequeñas el concepto de utilidad social? ¿Podríamos conseguir que el individuo se planteara si puede ser más útil a la sociedad de una forma constante y natural, mucho antes de ponerse enfermo o de entrar en crisis? ¿ Lo que hoy asume el adulto a través del infarto lo podría asumir el niño a través de un proceso educativo?”

La oportunidad de ejercitar, o no, nuestro talento personal depende en gran manera de la motivación o desmotivación del entorno, continúa Valentí Fuster. “Es decir, tenemos la obligación de crear un ambiente, de ofrecer incentivos, de contribuir a la motivación para entrar en una fase constructiva”.

Y esta obligación de la que habla Valentí Fuster la tenemos todos: padres, educadores y líderes. Trabajando para crear ambientes favorables es la mejor forma de cambiar el mundo.

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¿Hay verdaderos maestros en nuestras escuelas?

“Un maestro afecta a la eternidad; nunca sabe dónde termina su influencia”.

Henry Adams.

Revisando un libro leído hace ya mucho tiempo, “Martes con mi viejo profesor”, de Mitch Albom, me he vuelto a emocionar con muchas de sus palabras y me he dado cuenta de que las enseñanzas del viejo Morrie se pueden aplicar en gran parte al ámbito educativo.

Se trata de una obra que nació de los encuentros de cada martes entre el autor, periodista de profesión, y su antiguo profesor de la universidad, Morrie Schwartz, enfermo terminal de ELA, una enfermedad degenerativa. Morrie impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa focalizada en el Sentido de la Vida, una asignatura impartida a partir de la experiencia propia y que cubría muchos temas: el amor, el trabajo, la comunidad, la familia, la vejez, el perdón y, por último, la muerte.

“¿Has tenido realmente alguna vez un maestro?” pregunta Mith al final del libro. “¿Un maestro que te viera como algo en bruto pero precioso, como una joya que, con sabiduría, podía pulirse para darle un brillo imponente? Si tienes la suerte suficiente para encontrar el camino que conduce a maestros así, siempre encontrarás el camino para volver a ellos”.

Desgraciadamente, la presencia de este tipo de maestros en nuestras escuelas es muy minoritaria, lo que indudablemente influye en el nivel de felicidad que tendrán los futuros adultos de nuestra sociedad.

Según Morrie, puede ser peor vivir toda un vida infeliz que enfrentarse a la muerte.  “Morirse no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa. La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crearse la suya. La mayoría de personas no son capaces de hacerlo. Son más infelices que yo, aun en la situaci´pon en que me encuentro ahora. Aunque me esté muriendo, estoy rodeado de almas llenas de amor y de cariño. ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo?”

En uno de sus encuentros, Morrie le pregunta a Mitch: “¿te he hablado de la tensión de los opuestos? La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia adelante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto. Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.

“Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿es esto todo lo que quiero? ¿me falta algo? Necesitas que alguien te empuje en ese sentido. No va a ocurrir de manera automática”.

Sí, todos necesitamos maestros en nuestras vidas y deberíamos movilizarnos para que verdaderos maestros se incorporen a las escuelas. Y, en este sentido, las oposiciones basadas en criterios memorísticos son la peor forma de seleccionar a un personal válido para las verdaderas asignaturas de esta vida: el desarrollo de la inteligencia emocional y de la marca personal de nuestros hijos.

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Minutos sabáticos

Me ha encantado el artículo firmado hoy en La Vanguardia por Ángel Castiñeira y Josep M. Lozano, profesores de ESADE, bajo el título “El minuto sabático”.

Dicen los profesores, recordando a Pascal, que “todos los problemas de los hombres vienen de no saber estar solos en una habitación” y reivindican el desarrollo de una capacidad humana que nos permite estar inmersos en la acción sin quedar atrapados por ella; la creación de un espacio interior que nos permite estar en la accióny ser nosotros, y no confundirnos con el papel que ejercemos. El desarrollo de esta capacidad requiere disponibilidad, propósito y decisión.

En el mundo actual, argumentan, “valoramos la polivalencia, la capacidad de ser un profesional multitarea. Es la apoteosis de la atención dispersa, que no hace más que consolidar la ansiedad y el estrés. Y cuando hablas a fondo con profesionales sobre su vida profesional, siempre acabas encontrando el anhelo de querer trabajar desde una atención centrada, que no es vivir sin tensiones, sino poder vivir y actuar sin perder el centro de sí mismos”.

Castiñeira y Lozano se sorprenden de la frecuencia de la “fantasía sabática”, el disponer de un año de retiro sabático, aunque afirman que son muy pocos los que dan el paso. “La fantasía sabática no es más que la reedición del autoengaño de creer que yo sería capaz de conectar con lo mejor de mí mismo en cualquier parte del mundo menos en el lugar en el que ahora estoy”.

Frente a esta fantasía, defienden el “minuto sabático”. “Podemos crear minutos sabáticos cada día”, proclaman, “que nos invitan a estar conectados con nosotros mismos y no con lo que hemos hecho antes o con lo que vamos a hacer inmediatamente”.

La verdad es que, sin estos momentos sabáticos, difícilmente lograremos ser libres.

“Serás libre, no cuando tus días no tengan preocupaciones ni tus noches penas o necesidades, sino cuando todo ello aprisione tu vida y, sin embargo, tú logres sobrevolar, desnudo y sin ataduras”, dice Jalil Gibran.

Con esta cita empieza precisamente el capítulo titulado “El adulto libre: el desaprendizaje” del libro de Elsa Punset, “Brújula para navegantes emocionales” que se centra fundamentalmente en la importancia de la inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos.

Dice Punset que tendríamos que exigir a nuestro sistema educativo que enseñasen el mecanismo que lleva a la honestidad intelectual: la capacidad para cuestionar cada a priori, de mirar críticamente, de no perder la objetividad, de ser capaz de escuchar y analizar todas las facetas de una experiencia, de aprender y de desaprender. Citando al escritor Alvin Toffler afirma que “en el futuro, la definición del analfabetismo no será la incapacidad de leer, sino la incapacidad de aprender, desaprender, y volver aprender”.

La honestidad intelectual, dice E. Punset, nos obliga a reconsiderar buena parte de las verdades aprendidas en el hogar de nuestros padres y en el mundo exterior, creando un caparazón emocional y mental que nos impide movernos en la dirección que realmente desearíamos. “Muchas personas pasan su vida entera al dictado de las verdades de los demás y al final pierden la capacidad de saber quiénes son ellas de verdad y qué desean aportar al mundo. Han sido entrenados desde la infancia para aprender sin cuestionar”, concluye.

La semana pasada una entrevista de La Contra de La Vanguardia llamó mucho mi atención. El protagonista era Guruji Sri Vast, definido como maestro espiritual, quien afirmaba que “desde niños se nos aleja de la inteligencia natural. Acumulamos información pero pocas experiencias”.

Su definición de sí mismo me impresionó: “No pertenezco a ningún país, religión o estructura. Soy un simple ser que quiere vivir este día: realizarse, percibir la belleza”.

“Somos únicos, jamás ha nacido ni nacerá nadie igual y eso es lo que me inspira: ver seres únicos”, afirma Sri Vast. Un canto impresionante a la necesidad de marca personal.

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Todos somos genios

¿Qué es un genio? Dice Seth Godin en su último libro ¿Eres imprescindible? que un genio es el que observa algo en lo que otros se han quedado encallados y lo desencalla.”Nadie es un genio todo el tiempo”, dice Godin, “pero todos somos genios de vez en cuando. Lo trágico es que la sociedad insiste en dejar de lado la parte genial”.

La mejor forma de desarrollar desde la infancia todo nuestro potencial para ir configurando nuestra Marca Personal es tener cerca líderes que confien y crean en nosotros. Empezando desde la cuna, es decir, desde la propia familia.

Padres y madres tienen que entrenarse para ser líderes, afirman Nuria Chinchilla y Maruja Moragas, profesoras del IESE, en un artículo publicado en La Vanguardia el pasado 23 de abril. “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista. Tenemos que formarnos para ser los mejores referentes y ofrecerles lo que es realmente bueno para ellos a largo plazo. No lo fácil y lo que piensa todo el mundo. Los padres debemos ser los principales protagonistas en la educación de nuestros hijos. Nos jugamos su felicidad”.

Godin afirma que cada día se encuentra con personas que tienen un potencial enorme pero que han sido demasiado acosadas o amedrentadas para mostrarlo y ser capaces de construir su propia Marca Personal. “Se han convertido en víctimas, en peones de un sistema absurdo que las utiliza y devalúa”.

“Los niños son capaces de cualquier cosa” manifiesta Godin. “Muy pocos de nosotros nacemos con la intención de ser como la media, o seres típicos. Pero en algún punto de nuestra trayectoria, el adoctrinamiento aparece con fuerza y empezamos a buscar un lugar en el que ocultarnos”. Y esta adoctrinamiento es el peor enemigo del Personal Branding o la Marca Personal.

Por su parte, las profesoras explican que en los cursos de liderazgo de esta escuela de negocios enseñan a los directivos tres premisas fundamentales a la hora de tratarcon sus colaboradores: exigir como un jefe, enseñar como un maestro y amar como un padre.

“Amar a un hijo incluye exigirle y ayudarle a alcanzar su máximo potencial como persona. Padres y madres son modelos y guías de sus hijos, y tienen un papel insustituible como líderes de estos, pero también pueden ser contraejemplos que les generen rechazo. Muchos padres viven en un entorno muy materialista. Hay padres que sólo valoran la preparación técnica que les dan o les sumergen en regalos, viajes, actividades extraescolares… Hacen de ellos niños estresados, lo que puede derivar en activismo o adicción al trabajo. No les forman, porque ni saben ni llegan a todo, y las situaciones les sobrepasan. Les falta tiempo y energía para dedicarse a ellos”.

“Querer implica conocer el mejor camino de desarrollo personal y guiarles por él”, afirman estas autoras.

Siempre considerando, tal como dice Gibran Khalil Gibran en “El Profeta. La sabiduría de un gran maestro“, que nuestros hijos no son nuestros. Son los  hijos de la Vida y aunque están con nosotros no son del todo nuestros.

“Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. por que ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros. Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante. El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable”.

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