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La educación del talento

“La conquista más difícil es la conquista de uno mismo” afirmó recientemente el flamante President de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas. Y conquistarse uno mismo es el destino final de un largo camino dirigido a saber de verdad quién eres y cómo eres; un camino que sirve para descubrir tus talentos y diseñar tu marca personal o proyecto de vida.

Dice Sir Ken Robinson que para descubrir tu talento debes hacer dos viajes, uno hacia el interior de ti mismo y otro hacia el exterior para proyectar tu talento. Y no son trayectos siempre consecutivos: pueden ser simultáneos. Si quieres conocerte pasa tiempo a solas contigo mismo, afirma este formador de innovadores. Llegará un momento en que disfrutarás de tu propia compañía. Entonces encontrarás y podrás sacar partido a tu propia tribu creativa, las personas con quienes puedes ser tú mismo: generaciones literarias, equipos de investigadores, bandas rockeras o colegas con quienes inventas cosas; son quienes se aceptan y reconocen mutualmente el talento y lo hacen crecer juntos. Tu mentor y tu tribu son quienes saben ver en tus fallos la semilla de tus éxitos.

Como es obvio, la influencia del mentor y también la configuración de la tribu empieza en la educación. “Un principio del arte de la educación es que no se debe educar los niños conforme al presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir, conforme a la idea de humanidad y de su completo destino, afirmó Kant, en una sentencia que abre el libro de José Antonio Marina “La Educación del Talento”.

Para Marina el talento es esa inteligencia superior que es la encargada de dirigir adecuadamente todas las capacidades personales para dirigir nuestra acción hacia una vida lograda. La inteligencia triunfante es la que acierta al elegir las metas y consigue alcanzarlas.

Y  una de las capacidades más sorprendentes de la inteligencia, afirma,  es la de encontrar posibilidades en la realidad, si la enseñamos a buscarlas. Somos lo que somos más las posibilidades que encontremos dentro de nosotros. La inteligencia humana es creadora porque descubre continuamente posibilidades en la realidad. La educación debe basarse en esta idea creadora de la inteligencia y elaborar una pedagogía de la posibilidad.

Ofrecer a nuestros hijos una idea del mundo veraz, rica, amplia y llena de posibilidades es uno de los recursos fundamentales que constituyen el talento y que debe fomentarse a través de todo el proceso educativo. Como madre, tomo nota. Espero que los educadores también lo hagan. Si como dice Marina, es cierto que “la humanidad se reinventa en cada niño” el esfuerzo vale la pena.

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La libertad que necesitamos

“A diferencia de las relaciones,  el parentesco, la pareja e ideas semejantes que resaltan  el compromiso mutuo, la red representa una matriz que conecta y desconecta a la vez: las redes sólo son imaginables si ambas actividades no están habilitadas al mismo tiempo. En una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítima, gozan del mismo estatus y de igual importancia. Red sugiere momentos de estar en contacto intercalados con períodos de libre merodeo. A diferencia de las verdaderas relaciones, las relaciones virtuales son de fácil acceso y salida. La facilidad que ofrecen el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan, de manera diferente”. Esta magnífica reflexión de Zygmunt Bauman en su obra “Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” me lleva a preguntarme si en nuestra vida en red, igual que en el resto de nuestra trayectoria personal,  gozamos o no de real libertad para tomar nuestras decisiones.

Dice Francesc Torralba en su último libro “La Llibertat que necessites” (La Libertad que necesitas) que llegar a ser libre es un aprendizaje largo y doloroso, un ejercicio esforzado que exige audacia. Sólo quien es capaz de identificar sus servitudes y de comprender el asedio que sufre está en camino hacia la libertad. La libertad no es un estado. Es una lucha.

La educación es el camino hacia la libertad, sigue Torralba. Educar no es dirigir, ni encaminar el discípulo hacia el molino del maestro. No es transmitir informaciones diversas del mundo. Es construir personas libres, crear seres con capacidad de tomar decisiones autónomas y responsables, con voluntad de hacer de sus vidas obras de arte.

La libertad presupone un ejercicio de autodeterminación, un ritual que tiene como objetivo alcanzar la autonomía y el espíritu crítico. La educación se frustra cuando pretende convertir al alumno en una copia del maestro, mientras que triunfa cuando el maestro le da las llaves para tomar decisiones libres.

Ser libre es vivir conforme al proyecto vital de uno mismo, ser coherente con la propia identidad y salir de todas las jaulas que fabrica la mente y atrevirse a vivir a la intemperie. Renunciar al propio proyecto es dejar de vivir, es morir en vida. Mientras se lucha, se sufre; pero cuando se deja de luchar,  la única existencia que queda es una permanente fuga.

Sin embargo, dice el mismo Torralba,  que cuando tras muchos esfuerzos nos hemos creado una imagen, nos damos cuenta que ya no representa lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, porque desde el principio hemos evolucionado, hemos experimentado cambios. Entonces empieza una nueva lucha: es necesario desmontar aquella imagen para crear una nueva. Una nueva tesis de que una marca personal no es para siempre.

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¿Una marca personal es para siempre?

Me gustaría empezar esta nueva etapa de Vida en Red lanzando una pregunta a los principales expertos en Personal Branding de nuestro país (marca propia, soymimarca, Tomás Marcos) : ¿la marca personal debe diseñarse con vocación de permanencia o, por el contrario, tenemos que ser conscientes de que durante una vida tendremos múltiples marcas personales?

Dice Zygmunt Bauman que practicar el arte de la vida, hacer de la propia vida una “obra de arte” equivale en nuestro mundo moderno líquido a permanecer en un estado de transformación permanente, a redefinirse perpetuamente transformándose en alguien distinto del que se ha sido hasta ahora. Una vez diseñado, el futuro ya no es para siempre sino que necesita ser montado y desmontado continuamente.

Este planteamiento difiere enormemente de las instrucciones de Jean-Paul Sartre sobre la elección de “Le projet de la vie”. La elección de un proyecto de vida significaba la elección de las elecciones, la metaelección que determinaría de una vez por todas, de principio a fin, todo el resto de elecciones. Leyendo a Sartre, Bauman aprendió que cada proyecto llevaba consigo un mapa de ruta y una descripción detallada del itinerario. En cuanto se había elegido el destino, el resto consistía tan sólo en recorrer el camino más corto y menos peligroso con la ayuda del mapa, una brújula y las señales de la carretera. En el mundo de Sartre los mapas envejecían lentamente. El projet de la vie era un equivalente secular del camino de la salvación.

Actualmente, dice Bauman, parece que mantenerse fiel a un guión es un asunto de riesgo y puede llevar al suicidio. Los guiones de antaño pueden caducar y quedar inutilizables antes incluso de que empiecen los primeros ensayos de la obra y, si consiguen sobrevivir hasta la noche del estreno, la temporada de la obra puede resultar de una brevedad abominable. Comprometer el escenario de la vida a un guión preconcebido como éste equivaldrá a perder la oportunidad de muchas producciones que estén más al día, más en línea con la moda actual y, por tanto, más prometedoras.

Las personas persistentes, decididas y fuertes, sigue Bauman, pueden todavía aplicarse en corazón y pensamiento a seguir la sugerencia de Sartre; pero, conscientes de que han elegido una tarea de enormes proporciones sin garantía, o ni siquiera una esperanza razonablemente realista, de llegar hasta el final, tienen que ser conscientes de que la tarea es en verdad ímproba. Deben sopesar la fuerza de su dedicación contra la severidad de las pruebas que van a tener que afrontar y contra el alcance de los sacrificios que les exigirá pasar estas pruebas. Estas personas tienen que ser conscientes de que, durante todo el peregrinaje, las condiciones del viaje seguirán siendo las mismas que las que aparecen hoy: marcadas por una fragilidad incurable de las posiciones sociales y las fuentes de vida, una precariedad de los lazos entre humanos, una mutabilidad camaleónica de los valores codiciados y de los aspectos recomendados por la opinión pública como dignos de atención y de esfuerzo; como si todo lo de nuestro alrededor actuase en connivencia para dificultar y desalentar la vida de peregrinos dedicados y castigarlos por su obstinación y lealtad a la decisión tomada.

Transformarse en alguien distinto equivale a dejar de ser el que se ha sido hasta entonces; a destruir y sacarse de encima la vieja forma, como una serpiente muda la piel; a rechazar, una a una, las máscaras gastadas que el flujo constante de oportunidades nuevas y mejoradas en oferta ha demostrado que están agotadas, que son demasiado estrechas o que no han sido tan plenamente satisfactorias como lo eran en el pasado. Cuando emprendemos una autodefinición y una autoconfirmación, practicamos una destrucción creativa. Día tras día.

Palabras sabias las de Bauman…palabras que tienen el poder de abrir el debate y la reflexión.

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La Ciencia y la Vida

Estoy leyendo “La Ciencia y la Vida”, una obra coordinada por Olga Lucas que reúne las conversaciones entre Valentí Fuster y José Luis Sampedro y me ha sorprendido la enorme vinculación de todas sus reflexiones con el sistema educativo y con la importancia de desarrollar una marca personal, los dos temas que más me preocupan últimamente.

Además, de nuevo me he quedado impresionada por la sabiduría de estas personas.

Olga Lucas les define como sabios “porque los dos persiguen la sabiduría, conscientes de que nunca llegarán a abastarlas”.

En estas conversaciones, nos ofrecen visiones complementarias sobre la salud del individuo inserido en la sociedad actual.

Valentí Fuster afirma que vivimos en un mundo muy acelerado en el cual, como contrapartida, el hombre actúa de una manera muy pasiva. “Es un mundo superacelerado”, afirma Valentí Fuster,  “en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debamos subir al tren, sin saber cuál es el destino, y cómo más de prisa mejor. Y  es precisamente este mundo acelerado el que nos lleva a no tener en cuenta nuestro propio organismo. En esta sociedad de consumo, surgen unos factores para los cuales el organismo no estaba preparado. El hecho de no saber manejar esta situación lleva al infarto de miocardio. Un inesperado infarto que para muchas personas supone la primera vez que su ego se siente vulnerable. La vida tiene vulnerabilidades constantes pero existe una que es muy real: cuando uno pierde el dominio de sí mismo y su ego, su supervivencia emocional se hunde”.

“¿Podríamos corregir esto desde la infacia?” se pregunta Valentí Fuster. “¿Podríamos inculcar a las criaturas desde pequeñas el concepto de utilidad social? ¿Podríamos conseguir que el individuo se planteara si puede ser más útil a la sociedad de una forma constante y natural, mucho antes de ponerse enfermo o de entrar en crisis? ¿ Lo que hoy asume el adulto a través del infarto lo podría asumir el niño a través de un proceso educativo?”

La oportunidad de ejercitar, o no, nuestro talento personal depende en gran manera de la motivación o desmotivación del entorno, continúa Valentí Fuster. “Es decir, tenemos la obligación de crear un ambiente, de ofrecer incentivos, de contribuir a la motivación para entrar en una fase constructiva”.

Y esta obligación de la que habla Valentí Fuster la tenemos todos: padres, educadores y líderes. Trabajando para crear ambientes favorables es la mejor forma de cambiar el mundo.

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Minutos sabáticos

Me ha encantado el artículo firmado hoy en La Vanguardia por Ángel Castiñeira y Josep M. Lozano, profesores de ESADE, bajo el título “El minuto sabático”.

Dicen los profesores, recordando a Pascal, que “todos los problemas de los hombres vienen de no saber estar solos en una habitación” y reivindican el desarrollo de una capacidad humana que nos permite estar inmersos en la acción sin quedar atrapados por ella; la creación de un espacio interior que nos permite estar en la accióny ser nosotros, y no confundirnos con el papel que ejercemos. El desarrollo de esta capacidad requiere disponibilidad, propósito y decisión.

En el mundo actual, argumentan, “valoramos la polivalencia, la capacidad de ser un profesional multitarea. Es la apoteosis de la atención dispersa, que no hace más que consolidar la ansiedad y el estrés. Y cuando hablas a fondo con profesionales sobre su vida profesional, siempre acabas encontrando el anhelo de querer trabajar desde una atención centrada, que no es vivir sin tensiones, sino poder vivir y actuar sin perder el centro de sí mismos”.

Castiñeira y Lozano se sorprenden de la frecuencia de la “fantasía sabática”, el disponer de un año de retiro sabático, aunque afirman que son muy pocos los que dan el paso. “La fantasía sabática no es más que la reedición del autoengaño de creer que yo sería capaz de conectar con lo mejor de mí mismo en cualquier parte del mundo menos en el lugar en el que ahora estoy”.

Frente a esta fantasía, defienden el “minuto sabático”. “Podemos crear minutos sabáticos cada día”, proclaman, “que nos invitan a estar conectados con nosotros mismos y no con lo que hemos hecho antes o con lo que vamos a hacer inmediatamente”.

La verdad es que, sin estos momentos sabáticos, difícilmente lograremos ser libres.

“Serás libre, no cuando tus días no tengan preocupaciones ni tus noches penas o necesidades, sino cuando todo ello aprisione tu vida y, sin embargo, tú logres sobrevolar, desnudo y sin ataduras”, dice Jalil Gibran.

Con esta cita empieza precisamente el capítulo titulado “El adulto libre: el desaprendizaje” del libro de Elsa Punset, “Brújula para navegantes emocionales” que se centra fundamentalmente en la importancia de la inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos.

Dice Punset que tendríamos que exigir a nuestro sistema educativo que enseñasen el mecanismo que lleva a la honestidad intelectual: la capacidad para cuestionar cada a priori, de mirar críticamente, de no perder la objetividad, de ser capaz de escuchar y analizar todas las facetas de una experiencia, de aprender y de desaprender. Citando al escritor Alvin Toffler afirma que “en el futuro, la definición del analfabetismo no será la incapacidad de leer, sino la incapacidad de aprender, desaprender, y volver aprender”.

La honestidad intelectual, dice E. Punset, nos obliga a reconsiderar buena parte de las verdades aprendidas en el hogar de nuestros padres y en el mundo exterior, creando un caparazón emocional y mental que nos impide movernos en la dirección que realmente desearíamos. “Muchas personas pasan su vida entera al dictado de las verdades de los demás y al final pierden la capacidad de saber quiénes son ellas de verdad y qué desean aportar al mundo. Han sido entrenados desde la infancia para aprender sin cuestionar”, concluye.

La semana pasada una entrevista de La Contra de La Vanguardia llamó mucho mi atención. El protagonista era Guruji Sri Vast, definido como maestro espiritual, quien afirmaba que “desde niños se nos aleja de la inteligencia natural. Acumulamos información pero pocas experiencias”.

Su definición de sí mismo me impresionó: “No pertenezco a ningún país, religión o estructura. Soy un simple ser que quiere vivir este día: realizarse, percibir la belleza”.

“Somos únicos, jamás ha nacido ni nacerá nadie igual y eso es lo que me inspira: ver seres únicos”, afirma Sri Vast. Un canto impresionante a la necesidad de marca personal.

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Despeja tu vida

“Vivir es el proceso de llegar a ser, una combinación de estados por los que tenemos que pasar. Las personas fracasan porque escogen uno de esos estados y se quedan en él, lo cual, en cierto modo, representa una especie de muerte”.

Anaïs Nin

Crear tu propia Marca Personal consiste en aumentar tu poder innato. Y para hacerlo, es imprescindible eliminar todo aquello que te absorba la energía e incorporar todo lo que te la dé. Para ello es necesario reducir drásticamente el número de cosas que te distraen para reemplazarlas por otras fuentes de energía positiva y enriquecedora.

Ésta es precisamente la filosofía que casualmente exponen dos de los autores que he estado leyendo últimamente. Por un lado, Talane Miedaner en su libro “Coaching para el éxito” afirma que en esta vida, es importante crear espacio para lo que deseas. “No puedes recibir cosas para las que no tienes espacio. Cada vez que quieres algo nuevo en tu vida, debes crear el espacio necesario para incorporarlo. Todo lo que suprimas te dará más espacio. Quizá si limpias el garaje consigas un nuevo cliente”.

“¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bien que te sientes después de ordenar un armario?” pregunta Miedaner. No es cosa de magia, afirma. Es un principio que se basa en las leyes de la física: La naturaleza aborrece el vacío. Crea un vacío,y el universo te enviará cosas para llenarlo. Crear espacio es una de las maneras más sencillas y efectivas de atraer lo nuevo. Si tienes una sensación de estancamiento, comienza por despejar el terreno”.

También David Allen, el inventor del método GTD (Getting Things Done) dice en su último libro “Sé más eficaz” que la mayor ganancia en energía productiva vendrá como resultado de quitar las telarañas, resolver viejos asuntos y poner orden en nuestras cosas: “debemos apartar toda la basura que nos impide avanzar”.

“El problema no es nunca cómo lograr que surjan en tu mente pensamientas nuevos e innovadores, sino cómo expulsarde ella a los viejos. Cualquier mente es un edificio lleno de mobiliario arcaico. Limpia aunque sólo sea un rincón de tu mente y la creatividad volverá a llenarlo al instante”.

Dee Hock

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La felicidad en el trabajo

“Hoy, ayer y mañana, nos encontramos con muchas personas que están buscando trabajo teniendo ya uno por no estar satisfechos con el que tienen. Hay un montón de subempleo, de empleo precario, de sueldos insuficientes y de insatisfacción con el empleo que se tiene que hace que se busque algo mejor casi de modo permanente.

Lo que se encuentra es mejor que lo que se dejó, pero no es maravilloso. Y seguimos buscando… Y es socialmente muy ineficiente, porque todos los esfuerzos que se dedican a la búsqueda se podrían dedicar a algo productivo si no hiciera falta buscar más. La cultura de la eficacia instalada en el mundo empresarial está en el origen de todo esto. Es la que exige resultados concretos y tangibles a corto plazo. Únicamente. Valor para los accionistas, para ser más concretos. Sin más.

Para ello la dirección aprieta las clavijas en horarios, en resultados y en sueldo. Parece como si la empresa fuera un gran ídolo al que hay que sacrificar la felicidad de las personas. Para que las personas sean ricas tienen que ser desgraciadas. Y, según muchos psiquiatras, es lo que estamos consiguiendo: ser cada vez más ricos y más desgraciados. Hay que sustituir la cultura de la eficacia por la de la satisfacción, que busca satisfacer todas las necesidades de clientes y empleados, no sólo las económicas”.

Esta interesante reflexión se publicó el pasado domingo en La Vanguardia en un artículo titulado “Buscando Trabajo” firmado por Rafael Andreu y Josep M. Rosanas, profesores del IESE. Sus argumentos me han hecho pensar en las tesis de Eduard Punset en el interesante libro que actualmente estoy leyendo, “El Viaje a la Felicidad”.

En él se argumenta que la psicología moderna llega a la conclusión que para que la felicidad perdure más allá de un instante es necesario que sea fruto del sentido que da a la vida un determinado compromiso. En este sentido, el aumento de los niveles de infelicidd en el mundo actual se explica por una inversión excesiva en bienes materiales en detrimento de valores de mantenimiento más intangibles. Aunque es algo obvio, no siempre queremos darnos cuenta. Así que reflexiones como estas en periódicos generalistas me parecen sumamente necesarias. Esperemos que no sea la última.

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