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Se Necesita un Amigo

Lo de la amistad es como el amor, afirmaba hace unos meses Rosa Montero en un excelente artículo publicado en El País. “Todo el mundo cree saber de ello, todos nos consideramos grandes conocedores del asunto, expertos en los sentimientos y en la pasión, cuando, en realidad, son dos materias complejas e infinitas, profundos rincones del ser que uno sólo empieza a entender cuando madura. De jóvenes, de muy jóvenes, amigos y amores te llegan fácilmente, son una lluvia cálida y revuelta, confusa, ligera, amontonada. De joven, de muy joven, en realidad no escoges, aunque lo creas. Te haces amigo y te enamoras de lo primero que pasa. Porque necesitas querer. Somos así, y esa necesidad es conmovedora. Y luego vas viviendo y te vas haciendo. Con suerte, y con esfuerzo, es posible que empieces a conocerte un poco. Y también vas encontrando a tu gente, a esas personas que se convertirán en tu mundo, en tu territorio”.

La amistad, como el amor, puede surgir en cualquier momento y en cualquier lugar: en el trabajo, en el parque o en una sala de fiestas.  Para brotar, sólo necesita que se genere una química especial entre dos personas. Dos personas a las que, de repente, sin saber porqué, les brillan los ojos cuando conversan. Y también de repente, esas personas pasan a compartir un mundo de reflexiones, pensamientos, y sentimientos que parecen no tener fin. Sin embargo, como dice Rosa Montero, “la amistad requiere atención, entrega, riego constante. Hay que invertir muchas horas en cultivarla”.

He descubierto estas palabras de Montero hace sólo unos días y la verdad es que son un punto de partida excelente para iniciar una buena reflexión sobre la amistad. En la época actual, la mayoría de nosotros tenemos un gran número de amigos en Facebook. De ellos, realmente pocos reúnen las verdaderas características de la amistad. ¿Y cuáles son estas características? Nada mejor que un excelente poema titulado Se Necesita Un Amigo de  Vinicius de Moraes, una figura capital en la música popular brasileña contemporánea, para conocer de manera brillante y poética los elementos que permiten afirmar que uno es amigo de verdad. Se trata de uno de esos textos que, una vez descubres, te acompañan ya siempre. Imprescindible.

Se Necesita Un Amigo

“No es necesario que sea hombre, basta que sea humano, basta que tenga sentimientos, basta que tenga corazón.
Se necesita que sepa hablar y callar, sobre todo que sepa escuchar.
Tiene que gustar de la poesía, de la madrugada, de los pájaros, del Sol, de la Luna, del canto, de los vientos y de las canciones de la brisa.
Debe tener amor, un gran amor por alguien, o sentir entonces, la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo y respetar el dolor que los peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
No es necesario que sea de primera mano, ni es imprescindible que sea de segunda puede haber sido engañado, pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro, ni que sea totalmente impuro, pero no debe ser vulgar.
Debe tener un ideal y miedo de perderlo y en caso de no ser así, debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas, su principal objetivo debe ser el de amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Debe gustar de los niños y sentir lástima por los que no pudieron nacer.
Se busca un amigo para gustar de los mismos gustos, que se conmueva cuando es tratado de amigo.

Que sepa conversar de cosas simples, de lloviznas y de grandes lluvias, y de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer, para contar lo que se vio de bello y de triste durante el día, de los anhelos y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.
Debe gustar de las calles desiertas, de los charcos de agua y los caminos mojados, del borde de la calle, del bosque después de la lluvia, de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir, no porque la vida es bella, sino porque se tiene un amigo.
Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado, en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros, sonriendo o llorando, pero que nos llame amigo, para tener la conciencia de que aún se vive”.


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Más allá del amor, en Los Enamoramientos

Sigo con la lectura de Los Enamoramientos y no deja de sorprenderme la cantidad de temas íntimos y profundos que Javier Marías logra abordar de manera brillante alrededor de una trama narrativa. En este post me gustaría destacar brevemente algunos de ellos a través de una selección de textos de la propia novela:

  • El poder de la literatura: “Lo que pasa en una novela es lo de menos. Es una novela, y lo que ocurre en ellas da lo mismo y se olvida, una vez terminada. Lo interesante son las posibilidades e ideas que nos inoculan y traen a través de sus casos imaginarios, se nos quedan mayor nitidez que los sucesos reales y los tenemos más en cuenta”.
  • Todo Cambia, Nada Permanece: “A la gran mayoría nos domina el ansia de duración, que nos hace creer que siempre hay tiempo y que nos lleva a pedir un poco más, un poco más, cuando se acaba. Es un error propio de niños, en el que sin embargo incurren muchos adultos hasta el día de su muerte, de creer que el presente es para siempre, que lo que hay a cada instante es definitivo, cuando todos deberíamos saber que nada lo es”.
  • Somos lo que está disponible: “Todo el mundo es en realidad un sustitutivo: Sí, todos somos remedos de gente que casi nunca hemos conocido, gente que no se acercó o pasó de largo en la vida de quienes ahora queremos, o que sí se detuvo pero se cansó al cabo del tiempo y desapareció sin dejar rastro o sólo la polvareda de los pies que van huyendo, o que se les murió a esos que amamos causándoles mortal herida que casi siempre acaba cerrándose. No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos”.
  • El deseo como hábito: “Cuando uno desea algo largo tiempo, resulta muy difícil dejar de desearlo, admitir o darse cuenta de que ya no lo desea o de que prefiere otra cosa. La espera nutre y potencia ese deseo, la espera es acumulativa para con lo esperado, lo solidifica y lo vuelve pétreo, y entonces nos resistimos a reconocer que hemos malgastado años aguardando una señal que cuando por fin se produce ya no nos tienta, o nos da infinita pereza acudir a su llamada tardía de la que ahora desconfiamos, quizá porque no nos conviene movernos. Uno se acostumbra a vivir pendiente de la oportunidad que no llega, en el fondo tranquilo, a salvo y pasivo, en el fondo incrédulo de que nunca vaya a presentarse. Pero ay, al mismo tiempo, nadie renuncia a la oportunidad del todo, y ese picor nos desvela,  o nos impide sumergirnos en el profundo sueño. Las cosas más improbables han sucedido, y eso todos lo intuimos (…). La corrección de los sentimientos es lenta, desesperadamente gradual. Uno se instala en ellos y  se hace muy difícil salirse, se adquiere el hábito de pensar en alguien con un pensamiento determinado y fijo y no se sabe renunciar a eso de la noche a la mañana, o durante meses y años, tan larga puede ser su adherencia”.

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El arte del Personal Branding

Hoy revisaba una pequeña obra que escribí hace ya muchos años, “El Vèrtex de l’Oblit” y, de repente, ha resurgido mi pasión literaria, una pasión siempre presente pero que a menudo he ocultado de forma expresa ya que no siempre he sido capaz de examinar mi propia existencia. Y, para mí, como dice Milan Kundera en El Arte de la Novela, la obra literaria  examina la existencia,  no la realidad. 

En palabras de Kundera, la existencia no es lo que ya ha sucedido sino el abanico de posibilidades humanas, todo lo que el hombre puede convertirse, todo aquello de lo que es capaz. 

Según Kundera, Hermann Broch repetía: “Descubrir aquello que sólo una novela puede descubrir es la única razón de ser de la novela. La que no descubre una porción hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. La novela no debe tener otra moral que el conocimiento”.  

El espíritu de la novela, dice Kundera, es el espíritu de complejidad. Cada novela dice al lector: las cosas son más complicadas de lo que crees. Esta es la eterna verdad de la novela. El espíritu de la novela es el espíritu de continuidad: cada obra es una respuesta a las obras que la precedieron, cada obra contiene toda la experiencia novelística anterior a ella.

Y todo el conocimiento que aporta la obra literaria es sumamente importante cuando, como afirma Kundera, llega un momento en que la imagen de nuestra vida se separa de la vida misma, se convierte en un ente independiente y, lentamente, empieza a dominarnos. La imagen llega a ser  infinitamente más real que uno mismo, de manera que que no es tu sombra sino que eres tú la sombra de esa imagen. Y en ese momento resulta absolutamente imposible acusarla de no parecerse a uno mismo sino que es la propia persona la culpable de la falta de parecido.

Estas reflexiones me llevan a asociar los pensamientos de Kundera con una de las tendencias que más  me interesan actualmente, la del Personal Branding. Una de las máximas virtudes del Personal Branding es, precisamente, lograr dominar tu propia imagen y ser tú quien la dirijas, de forma que tu vida coincida con ella. Cada persona debe dominar su marca personal y no dejar que sea ella  la que nos domine. Diseñar tu propia estrategia de Personal Branding es otra forma de analizar la existencia.

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Al fin, David Monteagudo

 

“Detesto los grupos, las sectas, las cofradías, los gremios y, en general, esos conjuntos de bichos que se reúnen por razones de profesión, de gusto o de manía semejante. Esos conglomerados tienen una cantidad de atributos grotescos: la repetición del tipo, la jerga, la vanidad de creerse superiores al resto”.

“Los críticos son una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría? Lo mismo pasa con la pintura. Lo singular es que la gente no advierte que es lo mismo y aunque se ría de las pretensiones del crítico de la cirugía, escucha con un increíble respeto a esos charlatanes. Se podría escuchar con cierto respeto los juicios de un crítico que alguna vez haya pintado, aunque más no fuera que telas mediocres. Pero aun en ese caso sería absurdo, pues ¿cómo puede encontrarse razonable que un pintor mediocre dé consejos a uno bueno?”

Ernesto Sábato. El túnel.

Todavía no he leído la primera obra publicada de David Monteagudo, “Fin”, pero a juzgar por la opinión de la crítica, es una obra importante. Monteagudo no pertenece a ese conjunto de bichos a los que se refiere Sábato. Vive en Vilafranca del Penedès y trabaja como operario en una fábrica. Este último aspecto ha sido el más explotado mediáticamente en la promoción de la novela por su carácter anecdótico y excepcional. Sin embargo, a mi, personalmente, no me gustado el enfoque que se le está dando a la comunicación de la publicación. El hecho de centrar todas las entrevistas y reportajes en la rutina laboral de Monteagudo me parece de mal gusto. Parece ser que el fenómeno Monteagudo no es algo pasajero sino algo que ha llegado para quedarse. Por lo tanto, sería de suma importancia empezar a hablar más de su obra que de su persona. Y, según he oído, tiene 10 novelas escritas. Así que seguiremos hablando de él. Para empezar, leeré su primera novela publicada y compartiré con vosotros mis reflexiones.

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¿Agosto, un mes cruel?

cover_statusEl pasado domingo 23 de agosto en el Dominical de El Periódico, el director de cine David Trueba publica el artículo “¿Pero existe el Agosto?” en el que pone por escrito sus reflexiones sobre la profesión de escritor a la vez que satiriza sobre “la suspensión temporal de la vida inteligente” que se produce en el mes de agosto. Trueba concluye que “agosto es un mes tan cruel como los demás 11 meses del año”.

Y yo añadiría que agosto puede llegar a ser más cruel que el resto del año. En vacaciones, hay más tiempo para reflexionar sobre la vida que llevamos y, sobretodo, acerca de la que no llevamos. Y también  hay más tiempo para que crezca la angustia por el estatus que tan bien describe Alain de Botton en su libro Status Anxiety. 

Una ansiedad que cada agosto crece cuando obligatoriamente tenemos que pasar las mejores vacaciones de nuestras vidas (o así contarlo a nuestros conocidos). Una ansiedad que cada agosto se incrementa cuando nos damos cuenta de que en realidad no estamos disfrutando tanto de las esperadas vacaciones porque nos pasamos la mayor parte del tiempo comparando nuestro nivel de bienestar con el de nuestros vecinos. Y lo que es peor, supeditamos nuestro bienestar a los bienes materiales que poséemos.

Si conseguimos disfrutar de un buen libro o de nuestra dedicación a los blogs quizás podremos huir de esta ansiedad que nos persigue. Y, con un poco de suerte, disfrutar del mes de agosto.

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Escribir, una forma de vida

Escribir es un estilo de vida. Cuando necesito poner en orden mis ideas sólo puedo hacerlo poniéndolas por escrito y a menudo me da la sensación de que es la propia escritura la que va configurándolas, dándoles sentido. Sólo escribiendo logro que las ideas cobren vida, se transformen en algo real y den paso a una determinada decisión, a una determinada acción.

Cuando tengo que transmitir algo de forma oral, sin pasar por el filtro de la escritura, mis ideas pierden fuerza. ¿Se trata de una configuración genética? ¿Se trata de una pasión irracional por el poder de las letras?

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