Bésame mucho

Carlos González en su libro Bésame mucho afirma que “ya no quedan seres humanos en libertad, es decir, guiándose únicamente por sus instintos y sus imperativos biológicos. Todos vivimos en cautividad, es decir, en ambientes artificiales y en el seno de grupos humanos con normas culturales”.

Por su parte, Nietztsche afirma en Ecce Homo que “hay que sentarse lo menos posible; no creer en ningún pensamiento que no haya surgido al aire libre y estando nosotros en movimiento, en ningún pensamiento en cuya génesis no intervengan alegremente también los músculos. La vida sedentaria constituye el auténtico pecado contra el espíritu santo.”

Ya antes de leer este párrafo consideraba un pecado la filosofía de tantos y tantos directivos que consideran que el valor supremo del trabajador está en el tiempo que pasa calentando su silla. Y, más pecado todavía cuando se trata de un trabajo presuntamente creativo que debería ser desarrollado sin tener en consideración el espacio físico o temporal en el que se lleve a cabo. Lo más importante deberían ser los resultados. Pero todos sabemos que la realidad es otra y que la filosofía que impera es muy distinta, lo que provoca unas consecuencias nefastas en los empleados: sensación de ahogo, aniquilación de la creatividad, y desmotivación permanente. Si sumamos este panorama a los datos sobre el desempleo hechos públicos hoy la situación es desalentadora. Y si, además, tenemos en cuenta que ahora quieren que nos jubilemos a los 67 años, la depresión ya se apodera de nosotros.

“Lo que nos vuelve locos no es dudar, sino estar convencidos de algo; pero para experimentar esto hay que ser profundo, abismal, filosófico. Todos le tenemos miedo a la verdad”, dice Nietzsche. Yo debo tener algo de filósofa porque estoy convencida de que los que nos dirigen hoy en día están matando lo mejor de cada persona y, si sólo lo malo sobrevive, la especie evolucionará hacia un destino deplorable.  

Carlos González afirma que se debe criar a los hijos con amor, con mucho amor. ¿No podríamos trasladar esta tesis a las organizaciones empresariales? ¿Podemos ser felices en el entorno empresarial sin una promesa de amor, aunque no sea eterno?

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