Julio 24, 2010

La Ciencia y la Vida

Estoy leyendo “La Ciencia y la Vida”, una obra coordinada por Olga Lucas que reúne las conversaciones entre Valentí Fuster y José Luis Sampedro y me ha sorprendido la enorme vinculación de todas sus reflexiones con el sistema educativo y con la importancia de desarrollar una marca personal, los dos temas que más me preocupan últimamente.

Además, de nuevo me he quedado impresionada por la sabiduría de estas personas.

Olga Lucas les define como sabios “porque los dos persiguen la sabiduría, conscientes de que nunca llegarán a abastarlas”.

En estas conversaciones, nos ofrecen visiones complementarias sobre la salud del individuo inserido en la sociedad actual.

Valentí Fuster afirma que vivimos en un mundo muy acelerado en el cual, como contrapartida, el hombre actúa de una manera muy pasiva. “Es un mundo superacelerado”, afirma Valentí Fuster,  “en el que no hay tiempo para la reflexión; simplemente parece que todos debamos subir al tren, sin saber cuál es el destino, y cómo más de prisa mejor. Y  es precisamente este mundo acelerado el que nos lleva a no tener en cuenta nuestro propio organismo. En esta sociedad de consumo, surgen unos factores para los cuales el organismo no estaba preparado. El hecho de no saber manejar esta situación lleva al infarto de miocardio. Un inesperado infarto que para muchas personas supone la primera vez que su ego se siente vulnerable. La vida tiene vulnerabilidades constantes pero existe una que es muy real: cuando uno pierde el dominio de sí mismo y su ego, su supervivencia emocional se hunde”.

“¿Podríamos corregir esto desde la infacia?” se pregunta Valentí Fuster. “¿Podríamos inculcar a las criaturas desde pequeñas el concepto de utilidad social? ¿Podríamos conseguir que el individuo se planteara si puede ser más útil a la sociedad de una forma constante y natural, mucho antes de ponerse enfermo o de entrar en crisis? ¿ Lo que hoy asume el adulto a través del infarto lo podría asumir el niño a través de un proceso educativo?”

La oportunidad de ejercitar, o no, nuestro talento personal depende en gran manera de la motivación o desmotivación del entorno, continúa Valentí Fuster. “Es decir, tenemos la obligación de crear un ambiente, de ofrecer incentivos, de contribuir a la motivación para entrar en una fase constructiva”.

Y esta obligación de la que habla Valentí Fuster la tenemos todos: padres, educadores y líderes. Trabajando para crear ambientes favorables es la mejor forma de cambiar el mundo.

Julio 10, 2010

¿Hay verdaderos maestros en nuestras escuelas?

“Un maestro afecta a la eternidad; nunca sabe dónde termina su influencia”.

Henry Adams.

Revisando un libro leído hace ya mucho tiempo, “Martes con mi viejo profesor”, de Mitch Albom, me he vuelto a emocionar con muchas de sus palabras y me he dado cuenta de que las enseñanzas del viejo Morrie se pueden aplicar en gran parte al ámbito educativo.

Se trata de una obra que nació de los encuentros de cada martes entre el autor, periodista de profesión, y su antiguo profesor de la universidad, Morrie Schwartz, enfermo terminal de ELA, una enfermedad degenerativa. Morrie impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa focalizada en el Sentido de la Vida, una asignatura impartida a partir de la experiencia propia y que cubría muchos temas: el amor, el trabajo, la comunidad, la familia, la vejez, el perdón y, por último, la muerte.

“¿Has tenido realmente alguna vez un maestro?” pregunta Mith al final del libro. “¿Un maestro que te viera como algo en bruto pero precioso, como una joya que, con sabiduría, podía pulirse para darle un brillo imponente? Si tienes la suerte suficiente para encontrar el camino que conduce a maestros así, siempre encontrarás el camino para volver a ellos”.

Desgraciadamente, la presencia de este tipo de maestros en nuestras escuelas es muy minoritaria, lo que indudablemente influye en el nivel de felicidad que tendrán los futuros adultos de nuestra sociedad.

Según Morrie, puede ser peor vivir toda un vida infeliz que enfrentarse a la muerte.  “Morirse no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa. La cultura que tenemos no hace que las personas se sientan contentas consigo mismas. Estamos enseñando cosas equivocadas. Y uno ha de tener la fuerza suficiente para decir que si la cultura no funciona, no hay que tragársela. Uno tiene que crearse la suya. La mayoría de personas no son capaces de hacerlo. Son más infelices que yo, aun en la situaci´pon en que me encuentro ahora. Aunque me esté muriendo, estoy rodeado de almas llenas de amor y de cariño. ¿Cuántas personas pueden decir lo mismo?”

En uno de sus encuentros, Morrie le pregunta a Mitch: “¿te he hablado de la tensión de los opuestos? La vida es una serie de tirones hacia atrás y hacia adelante. Quieres hacer una cosa pero estás obligado a hacer otra diferente. Algo te hace daño, pero tú sabes que no debería hacértelo. Das por supuestas ciertas cosas, aunque sabes que no deberías dar nada por supuesto. Es una tensión de opuestos, como una goma elástica estirada. Y la mayoría de nosotros vive en un punto intermedio.

“Estamos muy absortos en asuntos egocéntricos, en nuestra carrera profesional, en la familia, en tener dinero suficiente, en pagar la hipoteca, en comprarnos un coche nuevo, en arreglar el radiador cuando se rompe; estamos muy ocupados con billones de actos pequeños que sólo sirven para salir adelante. De modo que no adquirimos la costumbre de contemplar nuestras vidas desde fuera y decirnos: ¿esto es todo? ¿es esto todo lo que quiero? ¿me falta algo? Necesitas que alguien te empuje en ese sentido. No va a ocurrir de manera automática”.

Sí, todos necesitamos maestros en nuestras vidas y deberíamos movilizarnos para que verdaderos maestros se incorporen a las escuelas. Y, en este sentido, las oposiciones basadas en criterios memorísticos son la peor forma de seleccionar a un personal válido para las verdaderas asignaturas de esta vida: el desarrollo de la inteligencia emocional y de la marca personal de nuestros hijos.

Junio 14, 2010

Minutos sabáticos

Me ha encantado el artículo firmado hoy en La Vanguardia por Ángel Castiñeira y Josep M. Lozano, profesores de ESADE, bajo el título “El minuto sabático”.

Dicen los profesores, recordando a Pascal, que “todos los problemas de los hombres vienen de no saber estar solos en una habitación” y reivindican el desarrollo de una capacidad humana que nos permite estar inmersos en la acción sin quedar atrapados por ella; la creación de un espacio interior que nos permite estar en la accióny ser nosotros, y no confundirnos con el papel que ejercemos. El desarrollo de esta capacidad requiere disponibilidad, propósito y decisión.

En el mundo actual, argumentan, “valoramos la polivalencia, la capacidad de ser un profesional multitarea. Es la apoteosis de la atención dispersa, que no hace más que consolidar la ansiedad y el estrés. Y cuando hablas a fondo con profesionales sobre su vida profesional, siempre acabas encontrando el anhelo de querer trabajar desde una atención centrada, que no es vivir sin tensiones, sino poder vivir y actuar sin perder el centro de sí mismos”.

Castiñeira y Lozano se sorprenden de la frecuencia de la “fantasía sabática”, el disponer de un año de retiro sabático, aunque afirman que son muy pocos los que dan el paso. “La fantasía sabática no es más que la reedición del autoengaño de creer que yo sería capaz de conectar con lo mejor de mí mismo en cualquier parte del mundo menos en el lugar en el que ahora estoy”.

Frente a esta fantasía, defienden el “minuto sabático”. “Podemos crear minutos sabáticos cada día”, proclaman, “que nos invitan a estar conectados con nosotros mismos y no con lo que hemos hecho antes o con lo que vamos a hacer inmediatamente”.

La verdad es que, sin estos momentos sabáticos, difícilmente lograremos ser libres.

“Serás libre, no cuando tus días no tengan preocupaciones ni tus noches penas o necesidades, sino cuando todo ello aprisione tu vida y, sin embargo, tú logres sobrevolar, desnudo y sin ataduras”, dice Jalil Gibran.

Con esta cita empieza precisamente el capítulo titulado “El adulto libre: el desaprendizaje” del libro de Elsa Punset, “Brújula para navegantes emocionales” que se centra fundamentalmente en la importancia de la inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos.

Dice Punset que tendríamos que exigir a nuestro sistema educativo que enseñasen el mecanismo que lleva a la honestidad intelectual: la capacidad para cuestionar cada a priori, de mirar críticamente, de no perder la objetividad, de ser capaz de escuchar y analizar todas las facetas de una experiencia, de aprender y de desaprender. Citando al escritor Alvin Toffler afirma que “en el futuro, la definición del analfabetismo no será la incapacidad de leer, sino la incapacidad de aprender, desaprender, y volver aprender”.

La honestidad intelectual, dice E. Punset, nos obliga a reconsiderar buena parte de las verdades aprendidas en el hogar de nuestros padres y en el mundo exterior, creando un caparazón emocional y mental que nos impide movernos en la dirección que realmente desearíamos. “Muchas personas pasan su vida entera al dictado de las verdades de los demás y al final pierden la capacidad de saber quiénes son ellas de verdad y qué desean aportar al mundo. Han sido entrenados desde la infancia para aprender sin cuestionar”, concluye.

La semana pasada una entrevista de La Contra de La Vanguardia llamó mucho mi atención. El protagonista era Guruji Sri Vast, definido como maestro espiritual, quien afirmaba que “desde niños se nos aleja de la inteligencia natural. Acumulamos información pero pocas experiencias”.

Su definición de sí mismo me impresionó: “No pertenezco a ningún país, religión o estructura. Soy un simple ser que quiere vivir este día: realizarse, percibir la belleza”.

“Somos únicos, jamás ha nacido ni nacerá nadie igual y eso es lo que me inspira: ver seres únicos”, afirma Sri Vast. Un canto impresionante a la necesidad de marca personal.

Mayo 21, 2010

Despeja tu vida

“Vivir es el proceso de llegar a ser, una combinación de estados por los que tenemos que pasar. Las personas fracasan porque escogen uno de esos estados y se quedan en él, lo cual, en cierto modo, representa una especie de muerte”.

Anaïs Nin

Crear tu propia Marca Personal consiste en aumentar tu poder innato. Y para hacerlo, es imprescindible eliminar todo aquello que te absorba la energía e incorporar todo lo que te la dé. Para ello es necesario reducir drásticamente el número de cosas que te distraen para reemplazarlas por otras fuentes de energía positiva y enriquecedora.

Ésta es precisamente la filosofía que casualmente exponen dos de los autores que he estado leyendo últimamente. Por un lado, Talane Miedaner en su libro “Coaching para el éxito” afirma que en esta vida, es importante crear espacio para lo que deseas. “No puedes recibir cosas para las que no tienes espacio. Cada vez que quieres algo nuevo en tu vida, debes crear el espacio necesario para incorporarlo. Todo lo que suprimas te dará más espacio. Quizá si limpias el garaje consigas un nuevo cliente”.

“¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bien que te sientes después de ordenar un armario?” pregunta Miedaner. No es cosa de magia, afirma. Es un principio que se basa en las leyes de la física: La naturaleza aborrece el vacío. Crea un vacío,y el universo te enviará cosas para llenarlo. Crear espacio es una de las maneras más sencillas y efectivas de atraer lo nuevo. Si tienes una sensación de estancamiento, comienza por despejar el terreno”.

También David Allen, el inventor del método GTD (Getting Things Done) dice en su último libro “Sé más eficaz” que la mayor ganancia en energía productiva vendrá como resultado de quitar las telarañas, resolver viejos asuntos y poner orden en nuestras cosas: “debemos apartar toda la basura que nos impide avanzar”.

“El problema no es nunca cómo lograr que surjan en tu mente pensamientas nuevos e innovadores, sino cómo expulsarde ella a los viejos. Cualquier mente es un edificio lleno de mobiliario arcaico. Limpia aunque sólo sea un rincón de tu mente y la creatividad volverá a llenarlo al instante”.

Dee Hock

Mayo 11, 2010

Todos somos genios

¿Qué es un genio? Dice Seth Godin en su último libro ¿Eres imprescindible? que un genio es el que observa algo en lo que otros se han quedado encallados y lo desencalla.”Nadie es un genio todo el tiempo”, dice Godin, “pero todos somos genios de vez en cuando. Lo trágico es que la sociedad insiste en dejar de lado la parte genial”.

La mejor forma de desarrollar desde la infancia todo nuestro potencial para ir configurando nuestra Marca Personal es tener cerca líderes que confien y crean en nosotros. Empezando desde la cuna, es decir, desde la propia familia.

Padres y madres tienen que entrenarse para ser líderes, afirman Nuria Chinchilla y Maruja Moragas, profesoras del IESE, en un artículo publicado en La Vanguardia el pasado 23 de abril. “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista. Tenemos que formarnos para ser los mejores referentes y ofrecerles lo que es realmente bueno para ellos a largo plazo. No lo fácil y lo que piensa todo el mundo. Los padres debemos ser los principales protagonistas en la educación de nuestros hijos. Nos jugamos su felicidad”.

Godin afirma que cada día se encuentra con personas que tienen un potencial enorme pero que han sido demasiado acosadas o amedrentadas para mostrarlo y ser capaces de construir su propia Marca Personal. “Se han convertido en víctimas, en peones de un sistema absurdo que las utiliza y devalúa”.

“Los niños son capaces de cualquier cosa” manifiesta Godin. “Muy pocos de nosotros nacemos con la intención de ser como la media, o seres típicos. Pero en algún punto de nuestra trayectoria, el adoctrinamiento aparece con fuerza y empezamos a buscar un lugar en el que ocultarnos”. Y esta adoctrinamiento es el peor enemigo del Personal Branding o la Marca Personal.

Por su parte, las profesoras explican que en los cursos de liderazgo de esta escuela de negocios enseñan a los directivos tres premisas fundamentales a la hora de tratarcon sus colaboradores: exigir como un jefe, enseñar como un maestro y amar como un padre.

“Amar a un hijo incluye exigirle y ayudarle a alcanzar su máximo potencial como persona. Padres y madres son modelos y guías de sus hijos, y tienen un papel insustituible como líderes de estos, pero también pueden ser contraejemplos que les generen rechazo. Muchos padres viven en un entorno muy materialista. Hay padres que sólo valoran la preparación técnica que les dan o les sumergen en regalos, viajes, actividades extraescolares… Hacen de ellos niños estresados, lo que puede derivar en activismo o adicción al trabajo. No les forman, porque ni saben ni llegan a todo, y las situaciones les sobrepasan. Les falta tiempo y energía para dedicarse a ellos”.

“Querer implica conocer el mejor camino de desarrollo personal y guiarles por él”, afirman estas autoras.

Siempre considerando, tal como dice Gibran Khalil Gibran en “El Profeta. La sabiduría de un gran maestro“, que nuestros hijos no son nuestros. Son los  hijos de la Vida y aunque están con nosotros no son del todo nuestros.

“Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. por que ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros. Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante. El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable”.

Abril 22, 2010

La felicidad en el trabajo

“Hoy, ayer y mañana, nos encontramos con muchas personas que están buscando trabajo teniendo ya uno por no estar satisfechos con el que tienen. Hay un montón de subempleo, de empleo precario, de sueldos insuficientes y de insatisfacción con el empleo que se tiene que hace que se busque algo mejor casi de modo permanente.

Lo que se encuentra es mejor que lo que se dejó, pero no es maravilloso. Y seguimos buscando… Y es socialmente muy ineficiente, porque todos los esfuerzos que se dedican a la búsqueda se podrían dedicar a algo productivo si no hiciera falta buscar más. La cultura de la eficacia instalada en el mundo empresarial está en el origen de todo esto. Es la que exige resultados concretos y tangibles a corto plazo. Únicamente. Valor para los accionistas, para ser más concretos. Sin más.

Para ello la dirección aprieta las clavijas en horarios, en resultados y en sueldo. Parece como si la empresa fuera un gran ídolo al que hay que sacrificar la felicidad de las personas. Para que las personas sean ricas tienen que ser desgraciadas. Y, según muchos psiquiatras, es lo que estamos consiguiendo: ser cada vez más ricos y más desgraciados. Hay que sustituir la cultura de la eficacia por la de la satisfacción, que busca satisfacer todas las necesidades de clientes y empleados, no sólo las económicas”.

Esta interesante reflexión se publicó el pasado domingo en La Vanguardia en un artículo titulado “Buscando Trabajo” firmado por Rafael Andreu y Josep M. Rosanas, profesores del IESE. Sus argumentos me han hecho pensar en las tesis de Eduard Punset en el interesante libro que actualmente estoy leyendo, “El Viaje a la Felicidad”.

En él se argumenta que la psicología moderna llega a la conclusión que para que la felicidad perdure más allá de un instante es necesario que sea fruto del sentido que da a la vida un determinado compromiso. En este sentido, el aumento de los niveles de infelicidd en el mundo actual se explica por una inversión excesiva en bienes materiales en detrimento de valores de mantenimiento más intangibles. Aunque es algo obvio, no siempre queremos darnos cuenta. Así que reflexiones como estas en periódicos generalistas me parecen sumamente necesarias. Esperemos que no sea la última.

Abril 14, 2010

El arte del Personal Branding

Hoy revisaba una pequeña obra que escribí hace ya muchos años, “El Vèrtex de l’Oblit” y, de repente, ha resurgido mi pasión literaria, una pasión siempre presente pero que a menudo he ocultado de forma expresa ya que no siempre he sido capaz de examinar mi propia existencia. Y, para mí, como dice Milan Kundera en El Arte de la Novela, la obra literaria  examina la existencia,  no la realidad. 

En palabras de Kundera, la existencia no es lo que ya ha sucedido sino el abanico de posibilidades humanas, todo lo que el hombre puede convertirse, todo aquello de lo que es capaz. 

Según Kundera, Hermann Broch repetía: “Descubrir aquello que sólo una novela puede descubrir es la única razón de ser de la novela. La que no descubre una porción hasta entonces desconocida de la existencia es inmoral. La novela no debe tener otra moral que el conocimiento”.  

El espíritu de la novela, dice Kundera, es el espíritu de complejidad. Cada novela dice al lector: las cosas son más complicadas de lo que crees. Esta es la eterna verdad de la novela. El espíritu de la novela es el espíritu de continuidad: cada obra es una respuesta a las obras que la precedieron, cada obra contiene toda la experiencia novelística anterior a ella.

Y todo el conocimiento que aporta la obra literaria es sumamente importante cuando, como afirma Kundera, llega un momento en que la imagen de nuestra vida se separa de la vida misma, se convierte en un ente independiente y, lentamente, empieza a dominarnos. La imagen llega a ser  infinitamente más real que uno mismo, de manera que que no es tu sombra sino que eres tú la sombra de esa imagen. Y en ese momento resulta absolutamente imposible acusarla de no parecerse a uno mismo sino que es la propia persona la culpable de la falta de parecido.

Estas reflexiones me llevan a asociar los pensamientos de Kundera con una de las tendencias que más  me interesan actualmente, la del Personal Branding. Una de las máximas virtudes del Personal Branding es, precisamente, lograr dominar tu propia imagen y ser tú quien la dirijas, de forma que tu vida coincida con ella. Cada persona debe dominar su marca personal y no dejar que sea ella  la que nos domine. Diseñar tu propia estrategia de Personal Branding es otra forma de analizar la existencia.

Marzo 27, 2010

Aprender a vivir

Estos últimos meses he estando dando constantes vueltas al tema de la educación de mis hijas y mi reflexión ha experimentado una evolución importante.

Todo empezó con la rabia y la frustración al ver que un sorteo nos dejaba fuera del colegio que habíamos elegido para el próximo curso en que la mayor debe iniciar educación infantil (P3).  Unos criterios absurdos impuestos por la Generalitat de Catalunya que impiden ejercer el libre derecho a la elección de colegio y del tipo de educación que deseas nos afectaban de pleno.

Ahora, una vez asumido que no podremos matricularla dónde queríamos,pienso que el disgusto no era para tanto. En realidad, ningún colegio de los que tenemos alrededor destaca por encima de otro en aspectos clave. Y, lo que es más importante, ninguno de ellos desarrolla un modelo educativo adecuado a las necesidades del siglo XXI. Así que la parte más esencial y fundamental de la educación de nuestras hijas, servir de guía hacia el descubrimiento del verdadero sentido y propósito de sus vidas, deberemos llevarla a cabo en casa.

Para mí, el modelo óptimo debería basarse en el concepto de personalización, inteligencias múltiples, y de counselling o personal branding desde la infancia. El libro “La Brújula Interior” de Álex Rovira se abre con una impresionante cita de Pau Casals que nunca antes había leído y que vale la pena reproducir íntegramente:

“Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que no volverá…¿Y qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo  que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel o un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla? Debes trabajar para hacer el mundo digno de tus hijos.”

En otro de sus libros, “La Buena Vida”, Álex Rovira afirma que el sentido de la vida no se adquiere por casualidad, sino tras una profunda reflexión. Y, a continuación, se pregunta: “¿Hemos sido educados para hacer de nuestra propia vida un objeto de pensamiento, de reflexión, de planificación, de cambio activo? ¿Hemos recibido las nociones mínimas necesarias para construir nuestra propia vida, para definir proyectos soñados, talentos que queremos desarrollar, iniciativas que queremos consolidar, causas a las que queremos contribuir, experiencias que deseemos vivir, legados que queremos dejar?” La respuesta es negativa. Porque lo más normal es dejar en manos de la inercia y la rutina el futuro. “El hecho de plantearse construir una hoja de ruta personal parece un ejercicio de ingenuidad o bien el resultado de una crisis”, dice Rovira.

Luis Rojas Marcos , en una entrevista en motivo del lanzamiento de su nuevo libro “Superar la Adversidad. El poder la Resiliencia”, afirma que “sentir que dominas las riendas de tu vida te da poder sobre tus circunstancias”. Y aquí está la clave de todo: enseñar a los más pequeños a tener el control de su vida y a dar valor a lo que realmente lo tiene. La Resiliencia se define como la capacidad del ser humano para afrontar la adversidad, superarla y ser transfomado positivamente por ella. Introducir este aprendizaje en las escuelas es imprescindible si queremos convertir el colegio en una escuela de vida y no sólo en un centro de enseñamientos académicos. Este es el reto.

Marzo 13, 2010

Vidas especiales

Ayer descubrí en casa un libro que nunca antes había visto. Es un libro formado por breves relatos sobre la vida de personas con discapacidad, editado bajo el título “Mira’m. Contes de vides especials”, en una iniciativa de la Fundació Mas Albornà. Los cuentos están firmados por 9 autores entre los que figura Màrius Serra, entre otros. En poco rato devoré los tres primeros y la verdad es que no pude continuar. La emoción me invadió por las palabras tan sinceras, tan próximas y tan impactantes de unos padres que han sabido integrar en sus vidas el factor diferencial de sus hijos e incluso enriquecerse de forma vital con la experiencia.

Dice Mercè Foradada en el cuento “El regne de la princesa Quequè” que a partir del momento de su rendición, de la aceptación de la realidad distinta y tan viva de su hija le invadió una serenidad que todavía no se creía.

“Siempre precipintándome, siempre queriendo que mis hijos llegasen los primeros al siguiente control de la carrera. Afortunadamente, tu has declarado tu particular cruzada contra la impaciencia, contra la absurdidad de las competiciones vitales. Y nos estás ganando. Día tras día nos impones tu paso de tortuga tranquila. Tu familia de liebres creídas ha entendido, gracias a tí, que la vida no es la autopista de velocidad y obstáculos que creíamos. Todos, a tu paso, estamos aprendiendo a pasear por un camino lleno de piedras, pero también de flores. Y hemos descubierto que nos gusta. De tu mano he descubierto una dimensión que me faltaba: la riqueza infinita de la vida sensitiva, la fuerza y la plenitud del amor incondicional, la belleza sutil del momento. Y, ahora, miro la vida con más confianza”.

En el mundo considerado “normal” la diferencia es ya difícil de llevar. En el caso de estas vidas especiales, la diferencia puede llegar a ser devastadora. Por eso aplaudo iniciativas como la de este libro, publicado en septiembre de 2009, que ayudan a normalizar la discapacidad y a aproximarnos un poco a estas personas que, como todos nosotros, tienen sus propias potencialidades y talentos, y, en definitiva, una marca personal única e instransferible.

Marzo 7, 2010

Autoindagación

“El verdadero valor consiste en saber sufrir”. Voltaire.

Me ha gustado esta frase que Lucía Etxebarría incluye en su artículo “Nada está perdido” publicado hoy en el Magazine de La Vanguardia. Y no sólo esta frase. La verdad es que me ha gustado toda la argumentación que desarrolla sobre las épocas difíciles y los distintos tipos de soluciones para combatir estados de tristeza y depresión.

Etxebarría hace referencia al libro “Algo que contarte” de Hanif Kureishi, en el que se argumenta que la sociedad consumista en la que vivimos quiere resultados probados, efectivos y rápidos y que por ello el psicoanálisis tradicional (el freudiano) está perdiendo vigencia.

“¿Para qué perder tres años en autoindagación cuando con una pastillita uno puede cambiar de ánimo en quince días?” se pregunta Etxebarría.

El protagonista del libro de Kureishi dice que “la tristeza tiene una función pero en una sociedad en la que se incide tanto en la productividad como para que se espere que un trabajador se reincorpore a su puesto laboral a los tres días de perder a un ser querido, hay muy poca tolerancia para los que se sumen en la desesperación”

“La tristeza nos ayuda a aprender de nuestros errores”, dice la escritora. “Nos obliga a detenernos para hacernos focalizar en algo distinto. La depresión es un indicador de que la situación es insostenible. Pero nada está perdido si se tiene el valor de aumir que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. En casos así, medicar la tristeza podría ocultar las consecuencias de situaciones límite y eliminar la motivación para avanzar. Así, en lugar de curar, se mantendría, paradójicamente, una situación enferma en lugar de enfrentar el problema de fondo”.

El gran problema es que la autoindagación requiere mucha voluntad. Explorar en el interior de uno mismo supone un proceso largo y, a veces, doloroso. Además, si este proceso se toma seriamente, supone la voluntad de emprender cambios que pueden llegar a ser radicales respecto al punto de partida.

“La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias en que otras personas optan por la locura”